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La Asociación Internacional de Transporte Aéreo predice que la cantidad de pasajeros que vuelan podría duplicarse para 2037, a 8.200 millones, y el transporte aéreo está siguiendo una trayectoria similar.

Pero las emisiones no son la única manera en que los aviones contribuyen al calentamiento global. También rayan los cielos con senderos de condensación (estelas) que actúan como cirros, reflejando la luz solar pero también atrapando el calor en la atmósfera. Pero el último estudio estima que el efecto de calentamiento global de las estelas se triplicará entre 2006 y 2050. Eso los convierte en el “secreto sucio” de los viajes aéreos, según los científicos de la atmósfera.

Esas franjas tenues dejadas por los aviones tienen un efecto sorprendentemente fuerte, aunque breve, sobre el clima. Después de explicar factores como las mejoras en los aviones que se espera que reduzcan las emisiones de hollín, los investigadores del clima en el Centro Aeroespacial Alemán estimaron recientemente que los efectos de atrapamiento de calor de la nubosidad del cirro causados ​​por las estelas “aumentarán significativamente con el tiempo” debido a los grandes aumentos proyectados en el tráfico aéreo, que está creciendo tan rápido que los esfuerzos para hacer que los aviones sean menos contaminantes no podrán mantenerse al día con los crecientes efectos de las nubes de estela. Las estelas también pueden tener efectos indirectos, que aún no están claros, en otras nubes y en los patrones de viento.

Los científicos han sabido por mucho tiempo que las estelas pueden afectar el clima regional. Los cielos vacíos durante los tres días posteriores al 9/11, cuando todos los aviones comerciales estaban en tierra, permitieron un experimento no intencionado que mostraba que las estelas presentaban los efectos de las nubes normales.

Estas estelas están hechas de vapor de agua y duran solo unos minutos, a lo sumo horas, en el aire. Entonces ¿por qué según esta evidencia causan tanto daño?

 Las estelas de los aviones se forman por la misma razón por la que puedes ver tu aliento caliente cuando exhalas en un lugar en el que hace muy frío. Así lo explica en el portal Scientific American Jenn Stroud Rossmann, profesora de ingeniería en el Harvey Mudd College de California, EE.UU.

El aire caliente y húmedo que sale de las turbinas del avión se mezcla con la atmósfera, que a esa altura tiene una temperatura mucho más baja que los gases que despiden los motores.

Así, el vapor de agua contenido en el chorro de aire se condensa y puede congelarse, formando cristales de hielo. En ese proceso se forma una nube blanca, llamada cirro o cirrus.

Según explica Stroud Rossmann, el aire de las turbinas contiene vapor de agua, pero también contiene dióxido de carbono, óxidos de azufre y nitrógeno, hollín y partículas metálicas.

El hollín y otras partículas sirven como superficies para que se produzcan los cristales de condensación.

Las nubes a bajas alturas normalmente funcionan como una barrera que ayuda a filtrar la luz del sol y mantiene las temperaturas bajas.

Pero las nubes generadas por los aviones se comportan de manera distinta.

Son demasiado delgadas para filtrar la luz del sol y en cambio sus cristales sí pueden funcionar como trampas que atrapan el calor.

“El principal impacto de las estelas cirrus es que, cuando el tráfico aéreo es alto, calientan la atmósfera superior alterando la nubosidad natural“, dijo en un comunicado el físico Ulrike Burkhardt, coautor del estudio.

Mediante modelos computacionales, los científicos calcularon la cantidad de estelas generadas desde 2006 y proyectaron las que se producirán en 2050, cuando el tráfico aéreo será cuatro veces mayor.

Existe una teoría de conspiración con estas estelas: que el gobierno está tratando de manipular el clima estableciendo “chemtrails” sospechosamente cuadriculados. La teoría se basa en un malentendido fundamental de cómo se forman las contrails y cuánto tiempo pueden persistir en el atmósfera. Por ejemplo, muchas personas no saben que los aviones y los barcos (que también dejan huellas en el cielo) viajan por carriles de tráfico bien definidos, a menudo a intervalos espaciados regularmente, lo que puede crear patrones distintivos de líneas paralelas. Una encuesta realizada en 2016 con científicos expertos en estelas no solo desacredita la conspiración “chemtrail”, sino que también demuestra cómo las fotografías y otros datos citados por los teóricos de la conspiración pueden explicarse por la física y la química bien entendidas.

El plan a corto plazo de la industria es aumentar la eficiencia del combustible al reemplazar las aeronaves más antiguas por otras más nuevas. Las aerolíneas también están pidiendo a los gobiernos que adopten un esquema de compensación voluntaria que se convertiría en obligatorio después de 2027. Llamado el Esquema de Reducción y Compensación de Carbono para la Aviación Internacional (CORSIA), limitaría las emisiones netas de la aviación internacional a niveles de 2020. Para mantenerse por debajo del límite a medida que el tráfico aéreo continúa creciendo, las aerolíneas podrían comprar compensaciones a través de un mercado de carbono. Sin embargo, como señalaron los autores del reciente estudio alemán sobre las estelas, “la compensación de carbono se ocupa solo del impacto de las emisiones de CO2, mientras que el impacto de la estela en el clima no cambia”.

A largo plazo, las aerolíneas han prometido reducir sus emisiones netas en 2050 a la mitad de los niveles de 2005. Eso requerirá el desarrollo de combustibles sostenibles, diseños de aviones más eficientes y cambios en el control del tráfico aéreo.

La Casa Blanca está haciendo exactamente lo contrario de lo que se necesita para resolver los problemas ambientales creados por los viajes aéreos apuntando a un regreso al vuelo supersónico para los civiles, cosa que hace años ya ha sido prohibido.

La investigación de Bock y Burkhardt concluye que las estelas cirro son “el mayor contribuyente al impacto climático por parte de la aviación”.

Los investigadores afirman que una manera de reducir el impacto de las estelas es que los aviones generen emisiones más limpias. Emisiones con menos hollín también disminuirían la formación de los cristales que atrapan el calor.

Para ellos, además de los planes para reducir las emisiones de CO2, en esta lucha también se deben incluir medidas para minimizar la generación de estelas cirrus.

“Todavía hay algunas incertidumbres con respecto al impacto climático general de las estelas y, en particular, su impacto en las temperaturas de la superficie”, dice Lisa Bock, coautora del estudio. “Pero está claro que calientan el ambiente”.

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