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Kalasshnikov, un grupo ruso de fabricantes de armas, presentó a principios de mes sus nuevos vehículos y aparatos de guerra “completamente autónomos” y capaces de “identificar objetivos y tomar decisiones”, al mismo tiempo que  anunciaba la producción en masa de sus nuevos drones voladores.

Se trata de una renovación completa de los objetivos de la subsidiaria militar del grupo que, aunque opera como entidad privada, permanece bajo control financiero del gobierno federal ruso con un 51% de la participación. Kalashnikov desde su incorporación dentro de la corporación-estatal Rostec, ha aumentado su catálogo hacia artillería ligera y drones que han dado como resultado esta nueva gama de productos bélicos “autónomos”.

Las Naciones Unidas discuten en este punto si, a las armas químicas e incendiarias tienen que sumarle este nuevo tipo de robots y drones para la próxima revisión en la Convención de Ginebra.

“Una vez que las armas existan, no podrán ser detenidas. Se necesita una prohibición preventiva ya”, afirmó Steve Goose, miembro del Human Rights Watch.

Los drones militares han permitido reducir las bajas militares, pero siguen siendo controlados por un humano, no actúan por si solos

China y los miembros de la Unión Europea están ampliamente a favor del uso de los mismos, pero hay resquicios dentro de los aparatos militares y políticos de otros países como Rusia y Estados Unidos.

“El éxito en las guerras del futuro necesitará robots capaces de ejecutar fuerza letal sin un humano tomando decisiones”, decían Heath Niemi y Joseph Brecher en 2016, respectivamente coronel en activo y coronel retirado del ejército estadounidense.

“Estados Unidos debe abstenerse de firmar cualquier norma internacional legalmente vinculante que prohíba el desarrollo de armamento autónomo letal” continuaba, y terminaban recomendando que “Estados Unidos no debe adoptar ningún instrumento internacional, legalmente vinculante que prohiba de forma absoluta el desarrollo, producción o uso de sistemas autónomos letales”. Su principal tesis reside en que otros “adversarios” incorporarán estas armas en el futuro, y si Estados Unidos no dispone de ellas pondrán en peligro soldados humanos.

Los problemas a los que nos expondremos frente a estos nuevos soldados son varios. Por un lado no estamos seguros  que sistemas autónomos de forma completa, sean capaces de distinguir aliados y civiles de los enemigos.

Por otro lado existe el riesgo de que un sistema informático tan avanzado sea hackeado y sus sistemas alterados para atacar civiles o a sus propias tropas. por lo que se deduce que la parte positiva, si es que existe, se limita a los militares de un bando, y no a civiles ni militares o insurgentes adversarios.

Por ahora todos estos robots no están cerca de poder ser usados, todavía queda tiempo para recapacitar del beneficio de los mismos.

 

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