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Un estudio demuestra que, después de haber sufrido un ACV, esta tecnología resulta tan efectiva en la rehabilitación motora como la terapia convencional. A través de una pantalla y unos guantes con sensores, 60 pacientes iniciaron esta nueva forma de entrenamiento especialmente diseñada para sus necesidades. Las sesiones transcurrían entre cuatro y cinco horas semanales durante un mes entero. En este tiempo, iban incorporando movimientos de brazos, manos y dedos mientras seguían las indicaciones de varios juegos. En paralelo, y con el objetivo de comparar, otras 60 personas que se encontraban en las mismas circunstancias, se sometieron al tratamiento convencional, basado en terapia física.

“Se trata de realizar ejercicios indicados por el médico y el fisioterapeuta para mejorar el déficit motor. Dependiendo de la gravedad, se comienza con terapia pasiva (los movimientos los realiza el fisioterapeuta) para que las articulaciones no se queden rígidas y no se formen contracturas”, explica al comentar este trabajo María Alonso de Leciñana, coordinadora del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

“La mitad no se recupera y tiene secuelas discapacitantes”, afirma Alonso de Leciñana. “Trastornos del lenguaje, tanto para producirlo como para comprenderlo, pérdida de sensibilidad y parálisis en la mitad del cuerpo, pérdida de la visión y déficits motores” como los señalados en este estudio. “Es la primera causa de discapacidad adquirida en la edad adulta”, puntualiza. Los 120 participantes del estudio (con una edad media de 62 años) habían sufrido un episodio de infarto cerebral en el último mes y tenían debilidad muscular de leve a grave en sus muñecas, manos o brazos. Con el fin de examinar hasta qué punto mejoraban los movimientos de los afectados, los autores de la investigación, publicada en el último número de la revista Neurology y realizada en la Universidad de Aarhus (Dinamarca), comprobaron los movimientos en ambos grupos de recuperación al inicio del estudio, una vez finalizado el entrenamiento y tres meses después.

“En los dos casos, se registró una mejora sustancial en su funcionamiento. No hubo diferencia de resultados, por lo que se podría usar cualquiera de los dos entrenamientos, según la preferencia de cada paciente”, afirma Iris Brunner, principal firmante del artículo, quien apostilla que habría que analizar las posibilidades de la realidad virtual introduciendo las gafas u otras técnicas para crear mayor inmersión en la experiencia virtual. En realidad, los autores proponen esta tecnología, no como sustituto de la convencional, sino como una alternativa motivadora que complemente a la estándar y que incluso pueda utilizarse de forma remota en los hogares, lo que “supondría una menor carga económica, al eliminar los traslados de casa al centro médico”, apunta Bunner.

Un punto interesante, ya que, “una vez el paciente está estabilizado y se le da el alta, la rehabilitación ambulatoria es deficitaria en toda España. Los recursos son insuficientes, así que esta terapia se retrasa demasiado”, argumenta Alonso de Leciñana. Para reducir las secuelas en la medida de lo posible, relata la especialista,”tan importante es identificar cuanto antes los síntomas para aplicar el tratamiento rápidamente (la probabilidad de recuperación es inversamente proporcional al tiempo que transcurra hasta el tratamiento) como realizar una terapia rehabilitadora desde el principio y sin interrupciones”. En este sentido, agrega, “el sistema se queda cojo y quizás esta tecnología de realidad virtual podría ser un buen complemento para entrenar desde casa y abaratar costes”

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