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Parte del encanto del Rolls-Royce del futuro será la filosofía Personal Vision. La marca inglesa aporta un chasis modular construido con materiales compuestos ligeros y un tren de propulsión 100% eléctrico. El resto queda a voluntad del cliente. Tal y como lo oyes: en el futuro tecnologías como la manufactura aditiva – la impresión en 3D – y el diseño computerizado permitirán crear un Rolls-Royce diferente para cada dueño. Descapotables, berlinas, coupés… las posibilidades son prácticamente infinitas.

El prototipo es sólo una propuesta, realmente futurista y elegante, casi de ciencia ficción. El proceso de personalización no será barato, pero los Rolls nunca lo han sido. Y es una excelente forma de trasladar al futuro la experiencia “bespoke” del fabricante británico y su legado de exclusivo carrozado. Fijaos en la forma de sus ruedas, parcialmente carenadas. O la impresionante calandra en forma de panteón, un signo de identidad de la marca, que ni en 100 años será alterado.

Eleanor es el nombre del asistente personal que acompañará a los dueños del Rolls-Royce en todo momento. Es un asistente personal capaz de aprender de los gustos y preferencias de sus dueños, a los que escuchará mediante comandos de voz. Por supuesto, hablamos de un coche autónomo, cuyo control se cederá al completo a un ordenador y una serie de sensores para hacer del viaje una experiencia auténticamente relajada. Se representará mediante una visualización etérea y digital del Espíritu del Éxtasis en una pantalla de gran tamaño.

Un Rolls-Royce se vive en su interior, y la máxima expresión del lujo seguirá siendo un habitáculo cuyos detalles están cuidados al máximo nivel. En el caso del prototipo, nos muestra una configuración biplaza, prácticamente un sofá, ante el que se extiende una enorme pantalla OLED, en la que vive Eleanor. El volante y el puesto de conducción son innecesarios, y los ocupantes se pueden recrear en la delicada madera de ébano de Macasar, una alfombra de seda tejida a mano para el piso o tapicería de seda para los asientos.

Por supuesto, seguiremos teniendo en la puerta un discreto paraguas, y el equipaje se almacena en maleteras ad-hoc, escondidas en los guardabarros del coche, como si de un “runabout” de los años 30 se tratase. Otro concepto en el que Rolls-Royce ha trabajado es denominado como “Grand Arrival”. El acceso y egreso al coche se realiza de pie, gracias a unas puertas que dejan el habitáculo completamente al descubierto. Una solución efectista, que se complementa con un camino de luz proyectado en el suelo, como si de una alfombra roja.

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