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Una pequeña estrella roja que se encuentra a sólo once años luz del sistema solar tiene un planeta de tamaño parecido a la Tierra en el que es posible que haya agua líquida y vida.

La atmósfera del exoplaneta se analizará en busca de indicios de vida con un enorme telescopio de 39 metros que se está construyendo en Chile, informó ayer el Observatorio Austral Europeo (ESO, por sus iniciales en inglés).

El nuevo astro, llamado Ross 128 b, “es el planeta de temperatura templada situado alrededor de una estrella tranquila más cercano que se conoce”, afirman los autores de la investigación en la revista Astronomy & Astrophysics , donde presentan sus resultados. Esto lo convierte en “un objetivo prioritario […] para buscar biomarcadores”.

“Es un sistema muy interesante y un objetivo obvio para próximas observaciones”, destaca Ignasi Ribas, especialista en exoplanetas y director del Institut d’Estudis Espacials de Catalunya. Ribas recuerda, sin embargo, que el planeta “Proxima b sigue siendo el mejor candidato” para detectar indicios de vida extraterrestre porque tiene una temperatura más favorable para tener agua líquida y porque está más cerca de la Tierra. Proxima b, descubierto en 2016, se encuentra en órbita alrededor de Proxima Centauri, la estrella más cercana al sistema solar, situada a una distancia de 4,2 años luz.

El nuevo planeta se encuentra a 7,3 millones de kilómetros de la superficie de su estrella, o veinte veces más cerca que la Tierra del Sol. Si alguien vive en Ross 128 b, verá en el cielo una estrella enorme, aunque poco brillante.

El planeta tiene una masa un 35% mayor que la de la Tierra pero es lo bastante pequeño para tener una superficie sólida en la que podría desarrollarse actividad biológica. Su diámetro exacto no se ha podido determinar, ya que el planeta no se ha observado directamente sino que se ha inferido su existencia a partir del efecto de su gravedad sobre la estrella.

El planeta tiene un tamaño similar al de la Tierra, temperaturas posiblemente benignas y orbita alrededor de una estrella apacible

Tampoco se conoce con exactitud la temperatura en la superficie del planeta. A partir de su distancia a la estrella, se sabe que recibe un 38% más de energía que la Tierra del Sol. Pero no se sabe qué proporción de esta energía es absorbida por el planeta y qué proporción es reflejada al espacio, señalan los autores del descubrimiento, liderado por la Universidad de Grenoble Alpes (Francia) y en el que también ha participado el Instituto de Astrofísica de Canarias. En función de si absorbe más o menos energía, la superficie del planeta podría ser un infierno o resultar habitable.

Lo que convierte Ross 128 b en un buen candidato para albergar actividad biológica, según los investigadores, es la estrella alrededor de la que gira. El planeta completa una órbita cada once días alrededor de la enana roja Ross 128, la estrella más cercana a la Tierra de la constelación de Virgo, que además se está desplazando en dirección al sistema solar. Dentro de 71.000 años se acercará a unos 4 años luz y se convertirá en la estrella más próxima al Sol.

Como otras enanas rojas, es un astro pequeño, tenue y relativamente frío. Tiene un diámetro cinco veces más pequeño que el Sol, una luminosidad 275 veces más débil y una temperatura superficial de unos 2.920ºC –frente a los 5.500ºC del Sol-.

Es una estrella apacible, a diferencia de otras enanas rojas que emiten fulguraciones de radiación ultravioleta y rayos X. Dado que estas fulguraciones pueden ser letales, e incluso esterilizar planetas enteros, los autores del descubrimiento defienden que Ross 128 b es “un objetivo extremadamente atractivo” para buscar vida extraterrestre.

Aun así, “que la estrella no sea activa en estos momentos no significa que no tuviera una juventud movida”, advierte por correo electrónico Guillem Anglada-Escudé, astrofísico de la Universidad Queen Mary de Londres que lideró el descubrimiento del planeta Proxima b. Que Ross 128 b pueda ser habitable “dependerá de la historia de su formación y evolución”, que se desconoce.

El nuevo planeta se ha descubierto con el instrumento HARPS, instalado en un telescopio del Observatorio de La Silla, en los Andes de Chile, con el objetivo de buscar exoplanetas. Desde que entró en servicio en 2003, HARPS se ha convertido en el observatorio terrestre que más exoplanetas ha encontrado, con el descubrimiento de más de 130 nuevos mundos. Le supera únicamente el telescopio espacial Kepler, auténtico pichichi del espacio, con más de 2.300 exoplanetas confirmados y otros 1.700 pendientes de confirmación.

Ante la perspectiva de poder analizar directamente atmósferas de exoplanetas con nuevos telescopios que entrarán en servicio en la próxima década, se ha iniciado en los últimos años una búsqueda sistemática de astros alrededor de estrellas frías cercanas a la Tierra. Este tipo de estrellas, al no ser excesivamente brillantes, ofrecen condiciones favorables para observar directamente los exoplanetas. Es en una estrella de estas características donde se ha encontrado el planeta Ross 128 b.

De cara al futuro, el Observatorio Austral Europeo, propietario del complejo de telescopios de La Silla, tiene previsto continuar las observaciones de Ross 128 b. Según ha informado en un comunicado, “será un objetivo principal para el ELT [iniciales en inglés de Telescio Extremadamente Grande], que será capaz de buscar biomarcadores en la atmósfera del planeta” y que entrará en servicio a mediados de la próxima década.

También el futuro Telescopio Espacial James Webb de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), considerado el sucesor del Hubble, dedicará parte de su tiempo de observación a analizar las atmósfera de exoplanetas, informó la ESA el martes en un comunicado.

Estos análisis se basarán en la detección de gases que puedan ser indicativos de actividad biológica o de la habitabilidad de un planeta como el oxígeno, el ozono, el metano o el vapor de agua.

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