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Samsung ya no fabricará más teléfonos móviles en China. La situación se ha vuelto insostenible para la marca surcoreana en ese territorio.

De acuerdo a analistas locales citados en la fuente, Samsung tiene solo un 1% de la cuota de mercado en China, dado que según los expertos, si la gente no va por un gama alta, elige sí o sí una marca doméstica, mientras que si es más acomodado, va por un Huawei o por un iPhone.

Samsung ha conseguido algo que Tim Cook, el consejero delegado de su gran rival Apple, ha sugerido que sería imposible: ha sacado la producción de sus smartphones de China. A finales del mes pasado, el grupo de electrónica surcoreano cerró discretamente la última planta de smartphones que aún le quedaba en China, en Huizhou, Guangdong, regalando teléfonos Galaxy S10 y Note 10, además de un bonus en efectivo a los empleados. La salida del mayor fabricante mundial de teléfonos inteligentes supuso el último revés al largo dominio de China en la fabricación de dispositivos de alta gama, ya que el aumento de los salarios y la amenaza de los aranceles estadounidenses pesan sobre las compañías.

Hace sólo dos años, los 6.000 trabajadores de la planta de Huizhou seguían fabricando 63 millones de teléfonos, o el 17% de la producción global de Samsung, según los analistas. Pero su cierre, junto a las plantas en Shenzhen y Tianjin, supone la culminación de la estrategia seguida por Samsung durante una década para “diversificar los riesgos de sus bases industriales”, según un ejecutivo de la compañía surcoreana.

Atraído por los costes laborales más bajos y las enormes exenciones fiscales, Samsung construyó su primera planta de smartphones en Vietnam en 2008, en la provincia de Bac Ninh, por 2.500 millones de dólares, y otra en la provincia de Thai Nguyen en 2013 por 5.000 millones. Las dos plantas tienen una capacidad anual combinada de 150 millones de unidades, y fabrican cerca del 60% de los teléfonos de Samsung. En julio, la firma anunció que crearía la mayor fábrica mundial de teléfonos móviles en Noida, India.

Pese a trasladar capacidad, Samsung mantuvo su producción en China para dar servicio a ese país. Pero ha visto evaporarse su cuota de mercado al 1,1% en el primer trimestre desde cerca del 20% en 2013, según Strategy Analytics, acabando con la última barrera para cerrar sus fábricas chinas. “Samsung no prestó suficiente atención a la particularidad del mercado chino”, explicó Yanhui Wang, secretario general de la Mobile China Alliance.

Samsung ha invertido 7.500 millones de dólares en construir dos fábricas de teléfonos en Vietnam

La compañía trató de hallar un equilibrio entre el dominio del mercado de los smartphones y las especificaciones locales que gustan a los consumidores chinos. Aunque Samsung y sus rivales chinos utilizan el sistema operativo Android de Google, fabricantes locales como Huawei y Xiaomi han incorporado sus propias alternativas a la tienda de aplicaciones Google Play y a otros servicios que están bloqueados en China.

Samsung sigue haciendo fuertes inversiones en su planta de chips de memoria de Xian, a la que el primer ministro chino Li Keqiang hizo una visita por sorpresa la semana pasada, declarando que “da la bienvenida al aumento de la inversión en China de Samsung y otras empresas globales de alta tecnología”.

Pero expertos en la cadenas de suministro advirtieron que, a diferencia de Samsung, que fabrica y ensambla sus propios componentes, es poco probable que otros fabricantes de smartphones puedan salir de China, pese al aumento de los salarios. Compañías como Apple, que recurren a los contratos de fabricación en lugar de gestionar sus propias plantas, han invertido durante décadas en formar a los empleados de sus proveedores en China, explica Paul Stepanek, presidente de Complete Manufacturing and Distribution, que asesora a las compañías sobre la gestión de recursos en Asia.

Otros como LG Electronics está aumentando su producción de smartphones en Vietnam, mientras que Sony anunció en marzo que iba a cerrar su planta en Pekín para llevarla a Tailandia. GoPro fue uno de los primeros fabricantes de dispositivos estadounidenses en hacer el cambio, anunciando el pasado diciembre que trasladaría la producción de las cámaras deportivas de China a México en el segundo semestre de 2019. Pero este mes, la firma de Silicon Valley se vio obligada a recortar sus previsiones de ventas y beneficios para sus nuevas cámaras Hero8, citando retrasos en la producción.

Estos ejemplos hacen aún más improbable cumplir el objetivo de Donald Trump de que los grandes grupos de electrónica repatríen la producción a EEUU.

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