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Cuando Teodoro Díaz solicitó entrar en el bootcamp de desarrollador de Ironhack, el año pasado, jamás había escrito una línea de código. “Yo no sabía nada de ordenadores. Al salir del instituto, con 18 años, me alisté en el Ejército. A los 6 años lo dejé y me saqué la licencia para trabajar en seguridad privada, estuve cuatro meses en Somalia protegiendo un atunero español y al volver me destinaron a la embajada de Estados Unidos en Madrid”, explica.

Con 27 años y tras llegar a ser jefe de equipo, Díaz decidió que necesitaba un cambio. Una amiga le recomendó que entrara en el mundo del desarrollo de software y decidió probar suerte. “Yo pensaba que no me iban a coger”, confiesa. Para su sorpresa, no sólo le cogieron sino que antes de que terminaran las nueve semanas de bootcamp le ofrecieron quedarse en la escuela como profesor asistente. “Tenía un hijo y mi mujer estaba embarazada. Estaba allí de 7 a 21. Fueron unos meses muy duros pero tuvieron recompensa”, recuerda. Desde marzo, Díaz trabaja como desarrollador en Cabify y en agosto le ascendieron.

Los ‘bootcamps’ nacieron en 2012 en Silicon Valley ante la falta de perfiles de desarrollador

El suyo es un caso más entre los miles de alumnos que cada año recurren a uno de estos programas con el deseo de adquirir las competencias digitales que tanto demanda el mercado. Según cálculos de la Comisión Europea, medio millón de empleos quedarán vacantes en 2020 por la falta de perfiles tecnológicos en los países europeos.

“Existe un déficit de profesiones digitales tanto en España como en Europa. Hay informes que hablan de más de 300.000 puestos sin cubrir el año pasado. Es muy difícil de cuantificar pero hay mucha demanda de estos profesionales. Lo más importante es que las empresas están desesperadas por encontrar perfiles digitales“, señala Luis Miguel Olivas, responsable de empleabilidad de la Fundación Telefónica.

La institución ha llevado a cabo un análisis, en base a las ofertas de trabajo publicadas en Infojobs y tecnoempleo.com, para detectar cuáles son los perfiles y las habilidades más demandadas por las empresas. “La profesión más demandada sigue siendo la de desarrollador de software, pero cada vez más se están demandando nuevos perfiles como el de desarrollador full stack o el de experto en ciberseguridad”, apunta Olivas.

AUGE DE LOS ‘BOOTCAMPS’

Precisamente, para paliar la escasa formación digital que existe en el mercado laboral español han surgido en los últimos años múltiples escuelas que ofertan estos bootcamps, cursos intensivos para desarrollar habilidades de programación en unos pocos meses.

“Los bootcamp nacen en 2012 en Silicon Valley por una necesidad natural: las empresas no encontraban el talento que necesitaban en la universidad”, explica Álvaro López-Cotelo, director general de Ironhack en Madrid, la primera academia en España que comenzó a ofrecer estas formaciones. Eso fue en 2013, desde entonces se han graduado en la escuela más de 3.500 alumnos y han abierto sedes en Barcelona, Ámsterdam, Berlín, Lisboa, Ciudad de México, Miami y Sao Paulo.

“Es como llevar tu mente al gimnasio”, explica Gus de Vita, de Le Wagon España

Detrás de este auge de los bootcamps, señala López-Cotelo, está la desconexión entre lo que se enseña en las universidades y lo que realmente demandan las empresas. “En los grados de ingeniería informática la formación es buena, pero hay determinadas cosas que exigen las empresas en las que no se forma a los ingenieros. Muchas veces se les enseñan lenguajes obsoletos o simplemente no se profundiza”, asegura.

Una de las principales características de estos cursos es su corta duración, si se compara con una carrera o un máster tradicional. Las escuelas prometen formar al alumno en un plazo de entre 9 y 12 semanas, aunque parta sin ningún conocimiento previo. “Es como llevar tu mente al gimnasio”, explica Gus de Vita, fundador de Le Wagon España. “La metodología se basa en muy poca teoría y muchísima práctica. Las universidades ponen mucho el foco en el futuro, mientras que en el bootcamp te preparas por la mañana para los retos que tendrás que resolver después de comer”, apunta.

Este brasileño, extrabajador de eDreams y Softonic, cursó en 2015 el bootcamp de Le Wagon en Bruselas y quedó tan impresionado que decidió traerlo a España. En 2016 inauguró la primera escuela en Barcelona y este año ha abierto también en Madrid. “Es un reto intelectual enorme porque te cambia la forma de pensar. Al final del curso logramos que la mente del alumno sea capaz de trabajar en la resolución de problemas de una forma mucho más eficiente”, destaca.

Pero, ¿es posible aprenderlo todo sobre programación en unos pocos meses? No exactamente. “Una cosa es ser carpintero y otra aprender a hacer sillas. Nosotros les enseñamos a hacer sillas, no les enseñamos a ser carpinteros. Les damos los conocimientos básicos para empezar a trabajar pero tienen que seguir formándose después”, subrayan desde Hack a BOS, una escuela intensiva de programación full stack que imparte cursos en Vigo y A Coruña, la primera en hacerlo en Galicia.

“Les enseñamos suficiente base de programación y fundamentos como para que luego puedan ir creciendo por su cuenta”, sostiene David Monreal, consejero delegado de Skylab Coders, escuela de programación con sede en Barcelona. “En 11 semanas aprenden cosas que no saben personas que han estudiado una carrera y llevan dos años trabajando”, asegura.

De hecho, como apunta Sebastián Barrios, CTO de Cabify, que ha contratado a varios de sus empleados en Ironhack, en lo que más se fijan a la hora de seleccionar a un candidato de una de estas escuelas no son los conocimientos con los que sale sino su capacidad para aprender rápido. “No buscamos tanto el conocimiento de un lenguaje específico como la capacidad de crecer y aprender, ya que el mercado y la tecnología cambian de manera constante”.

“En 11 semanas aprenden cosas que no saben personas que han estudiado una carrera”, señala Monreal, de Skylab

Para Monreal no hay barreras de entrada para cursar un bootcamp y lo ilustra con ejemplos. “Hemos tenido desde carniceros a psicólogos, vendedores de vestidos de novia, filósofas o arquitectos”, señala. Por supuesto, hay otros perfiles, como ingenieros o consultores que una vez acabada la universidad tienen el gusanillo de programa o emprendedores que buscan adquirir los conocimientos necesarios para lanzar su producto mínimo viable.

Si bien la procedencia de los alumnos es muy diversa, el objetivo que persiguen todos es el mismo: o bien conseguir un empleo o bien adquirir las competencias necesarias para promocionar en el que ya tienen. La alta tasa de empleabilidad es uno de los grandes reclamos. “El 97% de los estudiantes que terminan el bootcamp encuentran un trabajo en los 30 días siguientes”, asegura Monreal. El promedio de salarios de los alumnos de Skylab que encontraron un empleo en 2018 fue de 22.754 euros.

“La gente que pasa por aquí consigue trabajo y más de un 80% logra encontrar un empleo en los tres meses posteriores a salir y con sueldos medios de entre 20.000 y 25.000 euros”, apuntan, por su parte, desde Ironhack.

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