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El vicerrector de la Universidad de Buckingham, Sir Anthony Francis Seldon, vaticinó que en 2027 los robots sustituirían a los profesores en las aulas.

Según prevé la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) en un reciente informe, cerca del 22% de los empleos de España (aproximadamente, uno de cada cinco) podrían desaparecer en los próximos años, además, más de un 30,2% de los restantes podría sufrir cambios “significativos” con la irrupción de esta nueva fuerza laboral en el mercado.

El organismo apunta, sin embargo, que lo más probable es que surjan nuevos puestos en una proporción similar, pero muestra su preocupación por su “calidad”, ya que su precariedad podría aumentar las “disparidades” y ensañarse con los más vulnerables (mujeres, jóvenes y personas mayores sin cualificación).

Todo un contrasentido cuando en un escenario futuro a diez años, y si la economía y el empleo tienen un crecimiento medio, se prevé que alrededor de 100.000 puestos de trabajo no se puedan cubrir por falta de efectivos jóvenes con alta cualificación, como augura el estudio «Los jóvenes y el empleo, ¿qué futuro les espera?», de ManpowerGroup y la Fundación I+E.

Los dos fenómenos van de la mano. A mayor automatización se requiere mayor cualificación. Esta será la tabla de salvación para conseguir y conservar un empleo. De hecho, «la automatización afectará a puestos de poco valor añadido donde pesa poco la creatividad y el nivel de conocimiento», explica Valentín Bote, director general de Randstad Research.

Por ese motivo, la OCDE hace un llamamiento para que el Gobierno revise y reforme el marco regulatorio vigente a fin de adaptarlo a las nuevas realidades y garantizar la protección de todos los que puedan verse afectados. Además, hace hincapié en el papel clave que jugará la formación para paliar los problemas que puede generar la combinación de “megatendencias” como la digitalización, la globalización y el auge del trabajo no estándar. En el caso de España, la organización augura que “no será fácil” que la transición “funcione para todos”.

Por su parte, desde BBVA Research señalan que el 36% del empleo del país se encontraría en “riesgo elevado” de ser automatizado. Con los últimos datos de la Encuesta de Población Activa en la mano, esto implica que esta amenaza se cerniría sobre más de siete millones de personas ocupadas. Aunque esta cifra puede resultar aterradora, lo cierto es que el porcentaje está en línea con el que se le atribuye a Finlandia (35%) y se sitúa por debajo de los que se asocian a colosos como Alemania (59%).

Las máquinas no solo se instalarán en los niveles de menor cualificación, también afectará a los puestos más cualificados, que «no desaparecerán pero sí cambiarán la forma de hacer las cosas. Hoy día ya hay algoritmos matemáticos que son capaces de hacer un diagnóstico con un nivel de acierto muy superior a un oncólogo. Por ejemplo, el ámbito de la medicina será uno de los que sufra una importante transformación por la tecnología», asegura Valentín Bote. De ahí, que muchas empresas ya estén formando a personas y reciclando a sus empleados para hacer frente a un nuevo paradigma.

Apenas un 20% de jóvenes españoles tiene FP de grado medio. La media europea es del 50%

No obstante, parece que la llegada de los robots está todavía muy lejos. «No es algo que preocupe ni empresas ni a empleados», considera Alberto de Torres, director del programa superior en Inteligencia Artificial de ICEMD, el Instituto de la Economía Digital de ESIC. Pero es que nos encontramos en un estado de desarrollo muy embrionario. «Este proceso de cambio llega varias fases. Estamos en la primera con la llegada de la Inteligencia Artificial, que está en su infancia, sin consolidar. Hace tres años empezaron los algoritmos más avanzados. Nos encontramos en la automatización de procesos», añade.

En 2030 todo cambiará. Será entonces cuando en este cambio de paradigma se alcance la madurez, vaticina De Torres. Las máquinas tendrán más autonomía y podrán tomar decisiones. «Esta fase se centrará en la destreza manual y resolución de problemas. Es cuando llegará el coche sin conductor y el barco sin tripulación. Por ejemplo, la máquina gestionará el ecommerce de una empresa, la campaña de publicidad, supervisará los pedidos… Se encargará de la parte operativa. La interacción humana será diferente. El hombre se centrará en cómo quiere hacer crecer el ecommerce de su empresa o su estrategia comercial.Quedaremos para la creatividad y estrategia», pronostica De Torres. «No habrá trabajo para todos», sentencia.

A pesar de todo, la automatización también tiene su cara amable. «Nadie habla del efecto creación que tienen las tecnologías: si construyes el coche autónomo, incorporas robots a la cadena de montaje, desplazas trabajadores, pero alguien tiene que construir y programar ese robot. Curiosamente, los países más avanzados en robotización, automatización y digitalización tienen una menor tasa de desempleo», defiende Rafael Doménech, responsable de Análisis Macroeconómico de BBVAResearch y profesor de Economía de la Universidad de Valencia.

La era de las máquinas supone todo un reto. «Detrás hay nuevos empleos y sectores económicos creciendo», afirma Bote. De hecho es una realidad que ya estamos viviendo. Pero en ese nuevo mundo digital y tecnológico, las empresas no dejan de advertir que no encuentran profesionales cualificados para las necesidades que tienen. En una década, entre 85.000 y 109.000 puestos de trabajo no estarán cubiertos, según los tres escenarios (de más optimista a menos) que plantea el estudio de Manpower.

Así las cosas, aquellos cuyas profesiones están relacionadas con la ciencia, la educación, la sanidad, los servicios sociales, las TIC o la energía son los que pueden sentirse más a salvo; por contra, los más expuestos serán los ocupados en la agricultura, la industria manufacturera, la hostelería, el comercio, las actividades del hogar y las administrativas, y los que buscan otro trabajo o habían estado desempleados con anterioridad.

BBVA Research coincide con la OCDE y aboga por invertir más y mejor en capital humano para que la población adquiera los conocimientos necesarios para bregar con todos los cambios tecnológicos que se avecinan. Asimismo, cree “aconsejable” reconsiderar la regulación laboral actual, diseñar mecanismos que compensen a los damnificados por la aparición de los robots en escena e impulsar reformas que estimulen la inversión y el crecimiento empresarial.

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