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Siete bancos centrales han unido fuerzas con un objetivo claro: crear una moneda digital que plantee la alternativa de referencia y que sirva así para intentar superar los esfuerzos del proyecto de China y también de propuestas como la de Facebook con Libra.

El Banco Central Europeo, la Reserva Federal de EE.UU. o el Banco de Japón son tres de las entidades implicadas, y el objetivo es plantear una moneda digital resiliente, accesible a bajo coste o de forma gratuita y que se cree con un marco legal claro.

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En el marco del BIS, organización creada para promover la estabilidad financiera y monetaria mundial, un informe dado a conocer este viernes establece que las criptomonedas “coexistirán” con el efectivo, cuyo uso se ha reducido con la pandemia del covid.

Con prudencia, el BID no se pronuncia sobre la conveniencia de que los bancos centrales emitan monedas digitales, pero asegura el apoyo “a la hoja de ruta del G20 sobre pagos transfronterizos” y que seguirá “promoviendo el intercambio de información y la colaboración entre bancos centrales en la investigación de las criptomonedas”.

No es una carrera, ¿o sí?

La razón de este impulso a la moneda digital llega en gran medida como consecuencia de la pandemia de COVID-19, que ha impulsado de forma notable los pagos con tarjeta o con el móvil y que ha hecho que el efectivo sea un método de pago que pierde fuerza.

Los bancos centrales, aseguran en Reuters, han ido estudiando esta alternativa sobre todo tras el anuncio de Libra por parte de Facebook. El estado de ese proyecto ha sido cambiante, y sus responsables pretenden ahora lanzar varias “stablecoins” que estén respaldadas por monedas fiat de curso legal.

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Para Jon Cunliffe, del Banco de Inglaterra —otra de las entidades implicadas en el esfuerzo—, los bancos centrales deberían evitar alternativas privadas como la propuesta por Facebook.

Junto a las entidades citadas están el Banco de Pagos Internacionales (BIS) y el Banco Nacional Suizo, pero no el Banco Popular de China. Este país ya tiene en marcha un proyecto piloto con su criptodivisa digital oficial (DC/EP), y con ella quieren lograr que el alcance del yuan sea el mismo que el del dólar.

Para Kenji Okamura, el más alto diplomático financiero de Japón, destacaba que el proyecto de moneda digital de China “es algo que deberíamos temer”. Jon Cunliffe añadía que esta iniciativa no supone “una carrera entre los bancos centrales”, mientras que Benoit Coeure, del BIS, explicaba que los bancos centrales deberían aprovechar su posición y alcanzar los esfuerzos del sector privado.

¿Qué dice el BIS?

El informe del BIS ha sido realizado por el Banco de Canadá, el Banco de Inglaterra, el Banco del Japón, el Banco Central Europeo (BCE), la Reserva Federal (Fed), el Sveriges Riksbank sueco, el Banco Nacional Suizo y el BPI. Todos ellos seguirán investigando la viabilidad de crear monedas digitales propias pero no se comprometen a emitirlas, aunque reconocen en el informe que “el mundo cambia e, incluso, antes de la covid el uso de efectivo” había bajado en algunos países.

Según el informe, el reto de las nuevas formas de dinero digital exige comprender los intereses cruzados de tipo político, pero también los problemas prácticos que se plantean y que requieren incrementar la investigación y analizar “las medidas más efectivas para impulsar la adopción de criptomonedas (para el público y comerciantes) y la combinación correcta de controles para limitar la desintermediación de los bancos comerciales”.

Un euro digital sería una forma electrónica de dinero del BCE que todos los ciudadanos y empresas podrían utilizar, como los billetes, pero en formato digital, para realizar sus pagos diarios. “Aunque la tecnología cambia la manera en que pagamos, los bancos centrales tenemos la obligación de salvaguardar la confianza de la gente en nuestro dinero”, dijo la presidenta del BCE, Christine Lagarde, que preside el grupo de gobernadores de bancos centrales responsable del informe.

“Este informe es un paso adelante real para este grupo de bancos centrales en acordar los principios comunes e identificar las características clave que creemos serían necesarias para un sistema de monedas digitales de bancos centrales practicable”, dijo Jon Cunliffe, a agencias.

Los bancos centrales consideran que cualquier moneda digital debería ser “muy resistente a ataques cibernéticos” y debería estar acompañada de un sistema capaz de procesar un número de pagos muy elevado por segundo. También debería ser práctica, fácil de usar y estar disponible a un coste muy bajo o sin coste para los usuarios finales.

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