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Por Ignacio Perrone, gerente de investigación para América Latina, Frost & Sullivan

Hablemos primero de los sombreros rojos. Es lo que todos se preguntan al hablar de Red Hat. No tiene tanto misterio en realidad. El nombre de la empresa deriva de un sombrero rojo de lacrosse (el deporte), que usaba su fundador, Marc Ewing, cuando asistía a la universidad Carnegie Mellon. Pero en un encuentro con analistas, durante el mes de enero, este claramente no fue el tema. El tema era el elefante que estaba en la sala. Ese elefante era la intención de IBM de adquirir a Red Hat. Los ejecutivos de Red Hat estaban conscientes de eso y fue de lo primero de lo que se habló. Al menos, todo lo que se puede en estas situaciones, pues se espera que la operación culmine recién en la segunda mitad del año. Los detalles hace rato están en la prensa: hay unos 34.000 millones de dólares involucrados, para IBM la movida implica reforzar su posición en open source y la nube. De hecho, se supone que Red Hat seguirá siendo una unidad independiente, parte del equipo de Hybrid Cloud del gigante azul. La metáfora que usaron los propios ejecutivos de Red Hat es apropiada. Del mismo modo que se habla de la disrupción de Uber a partir de ser la mayor plataforma de transporte que no es dueña de ningún auto, o de Airbnb como la mayor plataforma de alojamiento que no es dueña de ningún cuarto, esta es la mayor compra de una empresa de software que no es dueña de software. Y aquí es donde empieza la especulación.

¿El precio que pagaría IBM es demasiado alto? ¿Y cuál será el impacto de la compra, en especial en América Latina? La primera pregunta es difícil de responder. Probablemente habrá que esperar a ver resultados para juzgar. Sobre lo segundo, claramente la discusión ya no es si las empresas irán a la nube. Eso es un hecho. Del mismo modo, cada vez es más claro que el modelo de adopción será híbrido. Es la forma de tomar lo mejor de los dos mundos y los clientes lo entienden así. Si las cosas se hacen bien (el gran if de este tipo de operaciones siempre), se potenciarían las fortalezas de las compañías. IBM hace tiempo que tenía un rol importante en open source, pero al combinarse con Red Hat esto puede ser un impulso tremendo para el código abierto. Claro, si se despejan las dudas respecto a la intención de IBM de mantener el esfuerzo en múltiples iniciativas que hoy alimentan a ese movimiento. Y del lado de Red Hat, las fortalezas que aporta IBM en cuanto a su presencia de mercado, penetración de clientes pero sobre todo cercanía con los diferentes verticales y sus problemas específicos deberían desembocar en una sinergia muy positiva. Y un punto más, específico para nuestra región. Tal vez América Latina sea uno de las regiones donde esta compra tenga más impacto, pues aquí las dimensiones respectivas de IBM y Red Hat son un poco más desparejas. Entonces hay mucho más para ganar.

Para nuestra región, el impulsor de crecimiento clave para Red Hat tiene que ver con la creciente percepción del código abierto como estratégico por parte de las empresas. A partir de eso la compañía estructura una oferta diversa, con la nube híbrida en un lugar destacado (con OpenShift y OpenStack). Pero consumir open source no es tan sencillo. Solo para tener una referencia, el 33% del código Linux cambia cada dos años. Ahí es donde entra Red Hat, con su propuesta de código abierto de nivel empresarial, confiable y seguro. A juzgar por los resultados (67 trimestres consecutivos de crecimiento, desde el 1Q03 hasta el 3Q19, momento en que dejaron de reportar debido al anuncio de la intención de compra), los chicos del sombrero rojo lo vienen haciendo bien.

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