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Los nuevos partidos, o instituciones de participación en la acción política, no se originan en la tradición socialista, democristiana, liberal o similares, sino que son el resultado del hiperliderazgo político de un individuo con una idea poderosa, un ambiente concreto de transformación sociopolítica, el manejo de las tecnologías y las redes sociales, así como el interés regular de los grandes medios y, sobre todo, la televisión.

El sincretismo ideológico les permite capturar votantes de distintos perfiles sociodemográficos y crear partidos políticos desde prácticamente cero. Es un punto a su favor en tanto que la experiencia no siempre es un factor positivo. En la industria tecnológica, las startups que han triunfado son aquellas que venían sin mochilas y han sabido adaptar su propuesta a la demanda, sin presiones o rutinas preestablecidas. Me apuntaba Rafa Rubio que a estos nuevos partidos se les presupone agilidad, flexibilidad y reflejos.

Las tres claves de las startups políticas son las siguientes:

  1. Hiperliderazgo
  2. Financiación
  3. Propuesta de valor

El liderazgo consiste en ejecutar con éxito los proyectos que se emprenden. Es una tarea que incluye obligaciones de diversa naturaleza ordenadas en el eje de la estrategia, la innovación, la creatividad y la inteligencia directiva. El liderazgo es una actividad capital en el funcionamiento de las organizaciones. Se articula en tres ejes: la capacidad de concretar y delimitar el proyecto, la asignación de recursos para la creación de capital social y la comunicación directiva. Las startups suelen padecer, en cambio, el mal del hiperliderazgo, que es el abuso de estos atributos.

Las redes han multiplicado los males del hiperliderazgo. Gallardo-Paúls (2016: 89) añade que el usuario de internet tiene una voluntad “casi exhibicionista” y el discurso de la red es “fundamentalmente, un discurso monológico y autocentrado, egocéntrico, que prescinde del destinatario”. El enfoque exhibicionista considera que su criterio es suficiente y válido para tomar decisiones en un entorno político de incertidumbre.

Las redes han multiplicado los males del hiperliderazgo

El hiperliderazgo puede cegar el desarrollo corporativo y bloquear segundas y terceras voces que acompañan al líder. El mejor ejemplo se ha visto en Vistalegre II, donde Pablo Iglesias plantea un modelo personalista y reduce las alternativas internas. El Presidente Trump actúa igual. Ejecuta la política exterior antes como un CEO que como un político (Campbell, Gallmeyer, Johnson, Rutherford, Stanley, 2011). Trump sobreestima su influencia en redes, como si fuera un hecho aislado del impacto en la política real. Esta tendencia individualista, acelerada por la instantaneidad de Twitter, erosiona el capital social, reduce la confianza y la comunicación intercultural (Aldrich y Yang, 2012), al tiempo que promueve una toma de decisiones más aislada.

En cuanto a la financiación, las startups políticas recurren a las 3F de su versión empresarial. Son amigos (friends), familia (family) y locos (fools) quienes financian estas aventuras, porque se carece de militancia activa que suscriba unos derechos políticos en forma de aportación periódica.

Las startups políticas presentan un problema recurrente. Son emergentes, deslumbran. Gustan a las nuevas audiencias y son muy espectaculares por alguna de sus cualidades. Cubren un nicho de mercado que estaba desabastecido o mal atendido. ¿De dónde salen los millones de votantes de Podemos? ¿y los de Ciudadanos? No vienen de nuevas generaciones de votantes (recién cumplidos los 18), sino que proceden de otros partidos. El hastío y la desafección contribuye a que se gane cuota de mercado muy rápido. Macron o Trump suben rápido, aunque carecen de tradición política al uso. Pedro Sánchez, en su vuelta en las primarias del PSOE en 2017, sigue la misma técnica.

La propuesta de valor consiste en la conceptualización, el diseño y la ejecución del proyecto político

El crecimiento lleva al éxito, al poder, a la toma de decisiones y ahí encontramos un nuevo problema: ¿qué propuesta de valor tienes pensada para el gobierno? La propuesta de valor consiste en la conceptualización, el diseño y la ejecución del proyecto político. Consiste en la descripción del programa político o el plan de gobierno, el modelo de financiación del partido, la relación con los electores, la relación con los partidos y actores políticos del ecosistema de representación, la organización de los cuadros intermedios, entre otros elementos. La propuesta de valor es el eje de la estrategia en la creación de nuevos proyectos políticos, porque compendia la identidad, la misión y el servicio que se ofrece a la comunidad política.

El elemento recurrente para explicar la propuesta de valor es el modelo de negocio, porque sintetiza la promesa de valor y permite identificar patrones de relación con los electores. Adapto de Applegate (2001) tres componentes: concepto (oportunidad de mercado para el lanzamiento de un producto o servicio en el mercado de las ideas), capacidades (personas, recursos y tecnologías, cultura política, infraestructuras y operaciones) y valor (retorno esperado para electores, , gestión de la marca y reputación). Hedman y Kalling (2003: 52-53) identifica seis puntos: clientes, competidores, oferta de productos y servicios, actividades y organización, recursos disponibles, oferta de los factores de producción. Éstos se completan con la comprensión de las dinámicas cognitivas y culturales que rodean al negocio y a los promotores de la iniciativa política.

Entonces, ¿es sostenible tu propuesta política? ¿aguantará una segunda ronda de elecciones? ¿cómo seguir el crecimiento orgánico? (Fuente:WEF)

 

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