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Tesla se encuentra en una encrucijada. Su liquidez se agota y su deuda crece, y la única forma de no verse abocado a la quiebra es gastar más para producir más. Y mientras, el liderazgo mesiánico de Elon Musk empieza a discutirse.

Tesla acaba de presentar su nuevo camión, el Semi, y, a modo de sorpresa, el deportivo Roadster. Dos vehículos que se suman a la lista de pendientes de la automovilística, que retrasa sus plazos de producción desde su fundación. En su presentación, la compañía anunció que el Semi empezaría a producirse en 2019, y el Roadster en 2020. Pero todo ello será imposible si la empresa quiebra el próximo verano, algo que ocurrirá si sigue dilapidando su efectivo al ritmo actual mientras la producción del Model 3 no se acerca ni remotamente a las previsiones.

En julio de este año, Musk previó la producción de 20.000 unidades del Model 3 para final de año, 1.500 unidades sólo en septiembre. Sin embargo, en todo el tercer trimestre han construido 260 unidades (222 ya entregadas). Eso sí, la compañía sigue amparándose en que están solucionando los cuellos de botella provocados por la fabricación de las baterías, por lo que la producción será exponencial. El nuevo objetivo presentado en el último informe de resultados es de 5.000 unidades en el primer trimestre del año.

Precisamente en el tercer trimestre, Tesla registró unas pérdidas récord de 671 millones de dólares, el doble de los 336 millones del trimestre anterior. Según cálculos de Bloomberg, la automovilística gasta 8.000 dólares por minuto, un ritmo de consumo de liquidez que la dejaría en la quiebra el 6 de agosto.

Así las cosas, la estrategia de la compañía empieza con las reservas de los vehículos recién anunciados para su producción al menos a dos años vista. Los primeros 1.000 ejemplares del Roadster (Founders Series) costarán 250.000 dólares, con una recaudación posible de 250 millones de dólares en total. El Roadster ‘normal’ se puede reservar a un precio de 50.000 dólares, mientras que reservar un Semi costará 5.000 dólares.

Por otra parte, Tesla está abocada a reducir su producción de los Model S y Model X para dejar paso al Model 3, mucho más asequible para el público en general (36.000 dólares frente a los 69.000 del Model S y 80.000 del Model X). En el tercer trimestre se produjeron casi 26.000 vehículos de estos dos vehículos ya veteranos en la cadena de montaje de la empresa de Musk, según sus propios datos.

Aunque las proyecciones económicas no son positivas, los inversores siguen confiando en la marca, que supera a Ford en capitalización bursátil. Las acciones de Tesla han crecido más de un 45% en lo que va de año, más de un 60% en los últimos 12 meses. Aunque dista mucho de sus máximos de 389,61 dólares, parece que sus títulos se encuentran en un periodo de consolidación, reforzando un primer suelo en el entorno de los 300 dólares. Cerró el martes en 317,81 dólares por acción.

Sin embargo, Morgan Stanley ha advertido de que los títulos de Tesla serán “extremadamente volátiles” en 2018, pudiendo rondar de nuevo los 400 dólares para desplomarse después por debajo de los valores actuales debido al “ritmo de producción altamente impredecible”. La alta proporción de bajistas que asedian la compañía así lo atestiguan. Aunque no es algo que haya asustado históricamente a los ‘creyentes’ de Musk, capaz de vender arena en el desierto… o 15.000 gorras de una empresa que aún no tiene ni un cliente, su Boring Company.

Fuente: El Economista Es

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