Fotografía: UBER.com
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Vista en retrospectiva la idea es genial: hacerte de una flota mundial de automóviles para ofrecer servicios de transporte particular sin que para ello tengas que adquirir los vehículos, sino tan sólo la infraestructura tecnológica, la mano de obra y un eficiente equipo de marketing y relaciones públicas que te ayude a salvar los obstáculos que inevitablemente surgirán en cada país porque tu presencia supone competencia para los servicios de transporte establecidos en cada sitio.

En la práctica, sin embargo, las cosas no han sido tan sencillas para Uber, que pese a tener presencia en más de 60 países y 785 zonas metropolitanas de todo el mundo, está enfrentando una severa tormenta que va más allá de ser todavía una empresa que opera con pérdidas: tras conocerse la semana pasada su informe financiero correspondiente al segundo trimestre de 2019, la compañía fundada por Travis Kalanick y Garrett Camp en marzo de 2009, ha visto depreciarse sus acciones hasta llegar el día de ayer a 36.45 dólares por papel, casi 20% menos del precio que marcó su IPO el pasado 13 de mayo.

En tan sólo dos días, si sumamos las pérdidas ocurridas entre el pasado viernes y el lunes, hablamos de 16.21 por ciento, sin considerar el descenso de ayer, que supuso una baja de .55 centavos de dólar por acción.

Dara Khosrowshahi, CEO de la empresa, alude a los gastos asociados a la compensación de su salida a la bolsa como la causa de esta mala racha, los cuales implicaron alrededor de 3,900 millones de dólares. No obstante, los analistas consideran que las pérdidas reportadas en el segundo trimestre, que alcanzaron los 5,200 millones de dólares, fueron más grandes de lo esperado. En este sentido, el descenso de sus acciones en Wall Street resultaba lógico, pero tres días en picada parece demasiado.

“El 2019 fue el año pico para nuestras inversiones y consideramos que en 2020 y 2021 las pérdidas disminuirán”, dijo Khosrowshahi en una declaración vertida a varios medios de comunicación, a la vez que aseguró que Uber se está convirtiendo en un activo cada vez más integrado a la vida de las grandes ciudades del mundo.

Sin que haya podido estabilizar su principal fuente de ingresos, Uber Technologies Inc. ha apostado a la diversificación de sus intereses. El servicio de entrega de comida a domicilio Uber Eats y el de bicicletas compartidas, Jump Bikes, han sido bien recibidos por los usuarios de los mismos en la mayoría de los países en los que han sido desplegados y empiezan a reportar buenos números, pero no los suficientes para paliar las pérdidas y tranquilizar a los inversionistas.

Lyft, el principal competidor de Uber, del que no puede decirse que esté en el paraíso toda vez que el valor de sus acciones también se desplomó luego de su IPO, ha tenido un repunte que si bien no es sostenido, le mantiene en el juego y presenta mejores cifras. En cualquier caso, ninguna de las dos startups ha logrado corresponder a las expectativas que se tenían de ambas.

Por lo pronto la carrera continúa, pero siendo realistas, Uber la está perdiendo.

 

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