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La bacteria  Brevibacterium linens AE038-8 fue encontada por la doctora en bioquímica Daniela Maizel en un hábitat extremo: un pozo de agua con altas concentraciones de arsénico, en la localidad de Los Pereyra, Tucumán, Argentina.

En su tesis doctoral, Maizel había aislado a la bacteria para estudiar su metabolismo y genética. “Al ver que era muy resistente al arsénico, dije: ‘tal vez sea bueno estudiarla a ver qué otras condiciones extremas puede resistir'”, relata. Su estudio coincidió con un anuncio, en 2010, de un equipo de la NASA, el descubrimiento de una bacteria que, en ausencia de fósforo, era capaz de metabolizar arsénico, un elemento sumamente tóxico para la mayoría de los seres vivos. Maizel profundizó  sus estudios sobre esta bacteria desde la perspectiva de la astrobiología (estudia las posibilidades de que haya vida en otras partes del universo).

La Brevibacterium linens es una bacteria poliextremófila, puede sobrevivir a diversas condiciones extremas de su entorno, imposibles para otros organismos. “Vimos que puede crecer en concentraciones muy altas de sales y puede resistir ciertas dosis de radiación ultravioleta (UV). Son condiciones que encontraríamos, por ejemplo, en la superficie de Marte”, explica la investigadora.

Maizel descubrió que su bacteria de estudio no solo tolera bien concentraciones de sal hasta diez veces mayores a las del agua del Mar Muerto, sino que también sobrevive en medios ácidos.

Pablo Mauas, director del grupo de Física Estelar, Planetas Extrasolares y Astrobiología del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE), dirige hoy la tesis pos doctoral de Maizel y explica: “Si hay (o si hubo) vida en Marte, lo más probable es que deba resistir a una radiación UV muy importante. Por otra parte, hay evidencia de que habría ciertas formaciones de agua extremadamente salinas. Lo que estamos haciendo es averiguar si esta bacteria soporta esas condiciones. La respuesta es que sí, que es capaz de resistir esas y algunas más. Y me parece que una de las cosas novedosas de la investigación de Daniela es que la bacteria es autóctona y que no se hizo mucho esto de investigar condiciones extremas juntas. En general, hay bacterias que sabemos que resisten a la sal o que resisten a la radiación UV, pero son muy poquitos los trabajos en los que se investigaron esas condiciones juntas”.

Maizel continúa explicando que lo próximo será “reproducir en el laboratorio las dosis de radiación que producirían las fulguraciones de una determinada estrella y ver si la bacteria sobrevive en el tiempo”.

Los criterios para señalar si un nuevo planeta descubierto es habitable o no suelen reducirse a dos cuestiones importantes pero no absolutas: si es gaseoso o rocoso (en entre estas dos opciones, la segunda tendría más posibilidades de tener vida extraterrestre), y si la distancia que lo separa de su estrella es similar a la de la Tierra con el Sol. Sin embargo, hay muchos criterios más a tener en cuenta. “Lo interesantes de estas investigaciones es determinar hasta qué punto podemos extender los rangos de parámetros para decir ‘este planeta es habitable’. Si tiene una concentración de oxígeno como la Tierra seguro es habitable, ¿pero puede tener menos? ¿Puede ser habitable con muy poco o sin oxígeno?”, plantea Mauas a modo de ejemplo.

La doctora en biología Laura Edith Alché, del departamento de Química Biológica de la UBA, codirige el trabajo de Maizel y recuerda que “hay bacterias que crecen en condiciones de temperaturas extremas, ya sea por lo alto o por lo bajo, en concentraciones elevadísimas de cloruro de sodio y que ponen en cuestión el límite para la existencia de la vida, entonces son materia de estudio para, justamente, entender cómo podría haber surgido la vida en otros planetas”.

Impactos de meteoritos, vulcanismo y una atmósfera muy distinta de la que conocemos hoy caracterizaban los primeros momentos de nuestro planeta. “Las bacterias aparecieron hace 3800 o 3900 millones de años y la Tierra se formó hace 4500 millones. Esto quiere decir que no pasó mucho tiempo hasta que aparecieron formas de vida de una complejidad notable”, agrega Alché.

Maizel cuenta que, al tener secuenciado el genoma completo de la bacteria, lo que se vio es que “algunos genes de esta son muy similares a los que hubiesen tenido bacterias en la Tierra primitiva, donde las concentraciones de arsénico eran muy altas”.

“Hace 40 años uno empezaba a calcular el producto de un montón de probabilidades, es decir, de que una estrella tenga un planeta que gire a su alrededor, y que si hay un planeta este sea como la Tierra y tenga una atmósfera, y cuál es la probabilidad de que si están las condiciones dadas se genere vida. Hace 30 años descubrimos el primer planeta extrasolar, pero hasta que no descubrimos un montón no nos dimos cuenta que estos son muy frecuentes y que son muy frecuentes los de masa del tipo de la Tierra. A mí me parece que si están dadas las condiciones, la probabilidad para que se genere vida también es muy alta y la mejor evidencia de eso es que la vida se desarrolló en la Tierra muy rápido”, concluye.

 

 

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