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Mucho se ha hablado del precio real de los unicornios, aquellas compañías privadas, normalmente startups, con un valor que supera los 1.000 millones de dólares en el mercado privado. Empresas como Uber, con un coste de aproximadamente 62.500 millones de dólares, Airbnb, con 31.000 millones de dólares, o Pinterest, con 12.300 millones de dólares, se han convertido en objeto de deseo de muchos inversores. Sin embargo, no todos pueden acceder a tomar posiciones en estas entidades antes de que se decidan probar suerte en los mercados públicos de renta variable.

Sin embargo, según señala The New York Times, un estudio elaborado por el profesor de la Universidad de Stanford, IIya A. Strebulaev y su colega en la Universidad de British Columbia, Will Gornall, concluyen que el precio real de estos unicornios es la mitad del que obtienen tras su última ronda de financiación.

De hecho, rompiendo completamente el mito, ambos expertos indica que cuando se tienen en cuenta otros acuerdos paralelos con ciertos inversores, casi la mitad de estos unicornios perderían su título, ya que su valor real caería por debajo de los 1.000 millones de dólares.

“Estas estructuras financieras y sus implicaciones en la valoración de estas entidades pueden ser confusas y malinterpretadas, incluso por expertos financieros sofisticados”, recalcan Strebulaev y Gornall en su informe donde describen la mayoría de las inversiones privadas como una “caja negra”.

Sin embargo, esa caja negra tiene grandes repercusiones, especialmente para entidades institucionales grandes como T. Rowe Price y BlackRock que han invertido en unicornios en nombre de inversores más pequeños. Además, según los autores de este estudio, los grandes fondos mutuos no están ayudando en absoluto a la hora de valorar correctamente el valor real de estas startups.

“Las acciones emitidas por estas entidades a los inversores difieren sustancialmente, no solo entre los distintos unicornios sino también entre las diferentes rondas de financiación de una sola compañía, emitiendo diferentes clases de acciones que generalmente cuentan con flujos de efectivo y derechos de control distintos”, aseguran Strebulaev y Gornal.

Strebulaev no oculta su sorpresa después de revisar los contratos entre diferentes rondas de recaudación de fondos por parte de estas startups. “La sobrevaloración es tan grande porque muchas de estas empresas utilizan contratos sofisticados que benefician a algunos inversores a expensas de otros inversionistas”, dijo. Sin identificar ninguna compañía en concreto, reitera que algunas de las ofertas son “alucinantes”.

Estos académicos también avisan que, generalmente, las personas que trabajan para estos unicornios no se dan cuenta de que el valor de las opciones que se les ofrece puede tener poco que ver con la valoración general de la compañía.

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