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Por: Enrrique Dans

Dos publicaciones serias como The Guardian o CNBC se hacen eco de los cada vez más burdos intentos de la industria de los combustibles fósiles por esparcir desinformación acerca de los vehículos eléctricos, mentiras que les permitan prolongar lo más posible un modelo de negocio cada día más reconocido como perjudicial, como intrínsecamente dañino para todos.

Mentiras como la muy repetida de que los vehículos eléctricos contaminan supuestamente más que los convencionales, no solo convenientemente rebatida en múltiples ocasiones sino, además, cada día más falsa debido a los esfuerzos de más territorios por generar cada vez más electricidad a partir de fuentes sostenibles. Si la electricidad se produce cada día más y en más sitios a través de fuentes sostenibles, los vehículos eléctricos, que no generan apenas emisiones, no pueden en modo alguno resultar más contaminantes, e incluso cuando no es así, eliminar virtualmente las emisiones de los vehículos supone ya de por sí un fuerte alivio de la contaminación.

Otra mentira habitual afirma que el transporte no es importante y que, en realidad, deberían dejarnos conducir nuestros vehículos de combustibles fósiles porque, supuestamente, los verdaderos contaminantes son calefacciones o emisiones industriales. No, no es así. El transporte supone más de un tercio de las emisiones contaminantes, una buena parte de esas emisiones se produce en los lugares en los que vivimos y trabajamos, y toda reducción es susceptible de tener un gran efecto en la calidad de vida de los ciudadanos.

Otros afirman que un vehículo eléctrico es incapaz de proporcionar soluciones de transporte a las personas normales, o es susceptible de generar en ellas una constante ansiedad por falta de autonomía: una mentira cada vez más rebatida por la creciente autonomía de los vehículos eléctricos, que ya se acercan o incluso superan la de sus contrapartidas de combustibles fósiles. Mercedes ha comentado que su próximo vehículo eléctrico tendrá una autonomía de 500km, y algunos Tesla, como el próximo Roadster, se espera que tengan en torno a 1000km. Con el progresivo incremento de la densidad de las baterías, estas cifras solo pueden evolucionar de una manera: hacia arriba.

Las propias baterías son también habituales receptoras de campañas de desinformación: en comentarios de esta página se han visto muy a menudo personas que acusan a las baterías de depender de fuentes de minerales supuestamente escasos, o de resultar de imposible reciclado, ambos conceptos completamente falsos: las baterías se reciclan perfectamente, sus elementos son perfectamente reutilizables, y además, contrariamente a lo que muchos piensan y mucho más importante, las baterías no muestran una degradación significativa a medida que pasa el tiempo o se recorren más kilómetros. En artículos científicos rigurosos que trabajan con datos de vehículos reales se muestra como, en la actualidad, la degradación de una batería se sitúa en torno al 1% cada 30,000km, lo que permite amortizar los vehículos eléctricos durante bastante más tiempo que sus contrapartidas alimentadas con combustibles fósiles. En muchos casos, esa mentira ha contribuido a que las empresas de leasing o renting ofrezcan unas condiciones espantosamente malas (y basadas en expectativas falsas, como un supuesto valor residual nulo al término del período) a quienes desean adquirir un vehículo eléctrico mediante ese tipo de fórmulas financieras, contribuyendo así a desincentivar las ventas. Por otro lado, la fabricación de baterías está experimentando un fortísimo aumento, lo que permite prever precios cada vez más bajos, al tiempo que otras tecnologías, como las baterías de estado sólido, se abren paso con rendimientos aún más prometedores.

¡Oh, dios mío, qué vamos a hacer con tantos vehículos eléctricos todos demandando energía a la vez cuando llegan a casa, no habrá generación suficiente!! Otra MENTIRA más, afortunadamente ya rebatida nada menos que por la asociación de suministradores de energía del Reino Unido, que afirma que la previsible llegada de varios millones de vehículos eléctricos no les quita el sueño en absoluto y que están perfectamente preparados para hacer frente a esa demanda y a esas perspectivas de futuro.

¿Mantenimiento? Poco que decir: un motor de combustión interna es un auténtico reloj de cuco, una obra de exaltación de los excesos de la ingeniería con más de diez mil partes móviles que hay que mantener permanentemente lubricadas y, periódicamente, reemplazar. Eso ha dado lugar a una enorme industria de recambios que elevan sensiblemente, como muchos saben cada vez que su vehículo tiene un problema o simplemente hay que llevarlo a revisión, el coste total de propiedad del vehículo. Un vehículo eléctrico típico tiene en torno a dieciocho partes móviles, con una degradación muy escasa y unas necesidades de mantenimiento drásticamente inferiores.

Con la información real en la mano y al margen de campañas de desinformación para tratar de retrasar la transición o para hacerla pasar por los vehículos híbridos – que llevan la ineficiencia al límite al montar dos motores, cargar al vehículo con el peso de unas baterías que terminan utilizándose de manera subóptima, o con diseños y autonomías pensadas esencialmente para aprovechar con falsedades las facilidades que ayuntamientos y autoridades otorgan a los vehículos supuestamente calificados como “limpios” – el vehículo alimentado por combustibles fósiles convencional es una tecnología superada, un problema a resolver, un modelo a erradicar lo antes posible por el bien de todos. Nadie debería plantearse, a estas alturas, adquirir ningún vehículo de gasoil, gasolina o híbrido. No sigamos repitiendo desinformaciones interesadas, por favor. No hagamos el juego, como hacen algunas asociaciones de proveedores de – cómo no, la industria de la automoción –  en algunos países como España, con unos supuestos argumentos de “neutralidad tecnológica” que son cualquier cosa menos neutrales, y que están esencialmente pensados para prolongar los períodos de amortización de una industria tradicional que ya ha superado todos los límites de la ética y de la responsabilidad social corporativa, con múltiples directivos en la cárcel por haber engañado a toda la sociedad.

Por favor, seamos serios en los argumentos y evitemos la frivolidad. Nos jugamos mucho más de lo que parece.

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