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La nave espacial BepiColombo está desplegada en la sala de la Agencia Espacial Europea en un área con condiciones ambientales controladas para evitar que se contaminen sus instrumentos preparándose para su viaje a Mercurio, el planeta más cercano al sol, en 2025 .

Su viaje comenzará en octubre de 2018 donde despegará desde la Guayana Francesa a bordo de un cohete Ariane 5. Mientras tanto, se ultiman los preparativos y se realizan los ensayos para comprobar si esta sonda será capaz de soportar durante un año (prorrogable a dos) temperaturas que oscilarán entre los 430ºC de máxima y los -180ºC de mínima. «Será como operar una nave espacial en un horno de pizza», compara Ulrich Reininghaus, jefe de proyecto de la misión BepiColombo en la Agencia Espacial Europea (ESA).

En  el Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial (ESTEC, por sus siglas en inglés), el complejo más grande de la ESA, situado en la localidad de Noordwijk, a apenas media hora de Ámsterdam más de 2.000 ingenieros, científicos y técnicos diseñan, ensamblan y prueban aquí los satélites y las naves espaciales que exploran el espacio. El centro, fundado en 1968, cuenta con instalaciones como el Gran Simulador Espacial, cámaras de pruebas acústicas y electromagnéticas, mesas de vibración y el Laboratorio de Propulsión de ESA, en las que reproducen las condiciones que las naves sufrirán, primero durante el viaje en el cohete y, posteriormente, cuando estén operando en el espacio.

«Mercurio es el planeta rocoso menos explorado pero no porque no sea interesante, sino porque es difícil llegar y más difícil aún trabajar allí», afirma Álvaro Giménez Cañete, director de Ciencia de la ESA.

BepiColombo  tiene dos predecesoras en esta investigación, ambas naves enviadas por la NASA al espacio, la Mariner 10 en los años setenta y la Messenger que exploró Mercurio entre 2011 y 2015. «Esas misiones previas plantearon más preguntas que respuestas y por eso vamos a estar ahí», dice Giménez. Precisamente el nombre de la nave es un homenaje al matemático e ingeniero italiano Giuseppe Colombo, que con sus cálculos orbitales contribuyó a que la misión Mariner 10 fuera un éxito.

«Es un planeta de misterios y sorpresas», afirma Johannes Benkhoff, uno de los responsables científicos de la misión en la ESA. «Antes de ir a Mercurio, en los años 70, no se pensaba que hubiera magnetismo, pero la Mariner 10 descubrió que tenía un campo magnético como el de la Tierra. Otra sorpresa fue que hubiera hielo en los casquetes polares», explica el científico.

Según  Benkhoff, «aunque haya agua, es un mundo demasiado frío para que pueda haber algún tipo de vida. Pensamos que ni la hay ahora ni la hubo».

Las  misiones anteriores descubrieron los hollows, unos hoyos o depósitos de color blanco y azul que sugieren que los componentes volátiles (gaseosos) en la corteza de Mercurio son más abundantes de lo esperado.

Benkhoff continúa , «estudiar Mercurio es esencial para comprender la historia de la formación de nuestro sistema solar», pues «es un elemento central de ese puzle debido a su posición, tan cercana al Sol».

En BepiColombo, un proyecto realizado conjuntamente con JAXA, la agencia espacial japonesa, Europa va a invertir 1.300 millones de euros. Treinta y cinco empresas europeas lideradas por Airbus DS, entre las que están las españolas ALTER, CASA, Crisa, Iberespacio, Rymsa, Sener y TAS-ES, participan en esta misión, que consta de dos sondas: el Orbitador Planetario a Mercurio (MPO, por sus siglas en inglés), que tendrá 11 instrumentos y está siendo desarrollado por la ESA, y el Orbitador Magnetosférico de Mercurio (MMO), que llevará cinco instrumentos y es fabricado por los japoneses.

Según detalló Hajime Hayakawa, jefe de proyecto de BebiColombo en la agencia japonesa, sus instrumentos estudiarán las partículas que hay en la magnetosfera de Mercurio y su interacción con el campo magnético y el viento solar, además de medir la abundancia de sodio o la distribución del polvo en la órbita.

El viaje durará algo más de siete años. Mercurio se encuentra a una distancia del Sol que oscila entre los 46 y los 70 millones de kilómetros (frente a los casi 150 millones de km. que separan a la Tierra de nuestra estrella), por lo que las temperaturas que alcanza podrían fundir ciertos metales. A eso se suma la gran radiación infrarroja y la gravedad del Sol, que complica la tarea de colocar la nave espacial en una órbita estable alrededor de Mercurio.

La  nave ha sido recubierta de un material aislante multicapa (compuesto de 50 capas de cerámica y aluminio) para sortear estos problemas que ha sido diseñado especialmente para esta nave, así como las antenas se han fabricado con titanio resistente al calor. «Es una obra de arte de la tecnología», asegura Markus Schelkle, jefe de proyecto de BepiColombo en Airbus DS.

En  marzo de 2018 la nave sea enviada por barco hasta la Guayana Francesa para el lanzamiento en otoño.

La nave solo orbitará alrededor de Mercurio ya que su aterrizaje en el mismo se descartó debido a los altos costos para poder lograrlo.

 

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