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Li Ao, un joven de 18 años, fue internado por sus padres en un centro ilegal ingresando  al campamento el 3 de agosto, luego de que sus padres pagaran 22.800 yuanes (1640 dólares)  por 180 días de terapia. Dos días después informaron a sus padres del deceso.

La madre de Li Ao matriculó a su hijo en la institución Hefei Positive Energy Education, en la provincia oriental de Anhui, que prometía ayudar a sus alumnos a través de asesoramiento psicológico y entrenamiento físico, con métodos “suaves” y sin castigos corporales.

El informe forense señaló que se identificaron 20 heridas externas y signos de hemorragia interna. Representantes del gobierno local aseguraron que dicha escuela estaba operando sin licencia.

Estos centros de campamentos de estilo militar intentan reeducar a los jóvenes con métodos y disciplina propios de las fuerzas armadas para curarlos de su adicción a los videojuegos y a la red.

 “Estaba completamente cubierto de cicatrices, desde la cabeza hasta los dedos de los pies”, dijo la señora Liu tras ver el cuerpo sin vida de su hijo en la morgue.

En el centro los pacientes son resguardados por soldados y puestos bajo un régimen de ejercicios, terapias y medicación para ayudarlos a “reconectarlos con la realidad“.

Según el director del centro:

“La gente normal no puede ni siquiera imaginarse cómo los adolescentes de nuestro centro utilizan Internet. Algunos están tan adictos a los videojuegos que creen que incluso detenerse para ir al baño perjudicará su desempeño, por lo que juegan usando pañales. Es lo que llamamos ‘heroína electrónica’”.

 

Este último caso ha reavivado el debate en China y los editoriales de muchos periódicos han reclamado a las autoridades un mayor control de estas instituciones.

Prácticas como las de golpear a sus pacientes o aplicarles la terapia del electrochoque, y episodios como el del adolescente que el año pasado mató a su madre por enviarlo a uno de estos campamentos los han colocado en el centro del debate público.

Sin embargo, su número no ha dejado de crecer en toda China. Los hay controlados por hospitales del Estado y otros por compañías privadas, pero en el centro de la cuestión está el papel de las familias.

La Organización Mundial de la Salud cataloga la ciberadicción como “adicciones sin sustancia” junto a otras como la ludopatía o las compras compulsivas.  Hoy en día hay cientos de programas como el Daxing Center por toda China y Corea del Sur, otra potencia seriamente afectada.  Sus métodos son controversiales y cuestionables. Sin embargo, reportan que la adicción a la Internet sigue causando muertes en los jóvenes asiáticos al abstraerlos de la realidad mientras que el mundo virtual se vuelve cada vez más atractivo.

Trent Bax, investigador de la Universidad de Mujeres de Ewha de Seúl, Corea del Sur, que ha estudiado el fenómeno de la adicción a internet en China, afirma que muchos de los campamentos usan “una publicidad emotiva” que seduce a los padres que buscan “una solución rápida” para los problemas de sus niños.

“Los padres actúan movidos por un miedo real a que el futuro éxito de su único hijo pueda malograrse porque se niega a dejar de jugar frente a la pantalla y ponerse a estudiar”, dijo Bax.

El Gobierno presentó este año el borrador de una ley que, de aprobarse, prohibiría explícitamente la aplicación de tratamientos abusivos como el electrochoque a los pacientes sometidos a terapia por su adicción a internet.

También las compañías que ofrecen videojuegos online han empezado a introducir límites al tiempo de uso de los menores, como hizo el mes pasado el gigante de internet Tencent en uno de sus juegos más populares.

Según el gobierno chino los directivos están detenidos y el centro ha sido clausurado.

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