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El pasado 1 de julio se cumplieron 40 años de la aparición de un dispositivo que las generaciones actuales acaso podrían identificar como un dinosaurio tecnológico y que, sin embargo, revolucionó al mundo e instaló un patrón de comportamiento que permanece vigente pese a los dramáticos cambios que desde entonces ha experimentado la industria de la música.

Casual o premeditadamente, el 1 de julio de 1979 –un domingo, el día consagrado por la mayoría de las naciones y pueblos del mundo al descanso– Sony comenzó a comercializar en Japón un aparato que no era otra cosa más que el capricho de uno de los fundadores de la empresa, Masaru Ibuka, quien obligado a viajar por todo el mundo deseaba escuchar ópera durante sus múltiples vuelos.

Con esa idea en la mente, pidió a Norio Ohga, vicepresidente ejecutivo de la empresa, que desarrollara un aparato para satisfacer sus deseos. Ogha encargó la tarea al ingeniero Nobutoshi Kihara, quien no lo pensó mucho: un año antes, Sony había desarrollado el Pressman, una grabadora monoaural de audio en cintas cuyo mercado esencial eran los periodistas. Kihara retiró las funciones de grabar y el altavoz, y agregó un amplificador estéreo y unos audífonos.

En las formas no parecía una gran invención, pero en el fondo era un unicornio. Akio Morita, el CEO de Sony en aquel tiempo, lo reconoció como tal: “Este producto satisfará a todos aquellos jóvenes que quieren escuchar música todo el día. Lo llevarán consigo a todos lados”.

Lo llamaron Walkman y aquel luminoso 1 de julio de 1979 comenzó su venta en Japón a razón de 150 dólares por unidad. Había nacido el primer reproductor portátil de música del mundo y al mismo tiempo un hábito que cuatro décadas más tarde permanece inamovible de la vida cotidiana de la humanidad.

Los ejecutivos de marketing de Sony estimaron que, siendo optimistas, venderían mensualmente  5,000 unidades. Dos meses más tarde se habían vendido 50,000 aparatos. Con tales números, exportar el producto se volvió imperante. En Estados Unidos lo presentaron como Soundabout, en el Reino Unido como Stowaway y en Australia y Suecia lo nombraron Freestyle. Pero en tanto se trataba de un producto nuevo y en desarrollo, y los derechos de autor en cada país representaban un desembolso muy significativo, Sony decidió que su creación llevaría el mismo nombre en todo el mundo: Walkman.

La historia no está completa, sin embargo, si no se acredita a Andreas Pavel como el inventor del reproductor portátil de cintas. Pavel, un ingeniero de ascendencia alemana y brasileña, desarrolló en 1977 un prototipo de lo que sería el Walkman y al que llamó Stereobelt. Consiguió la patente, pero no logró interesar a ningún fabricante. Y mientras lo intentaba, Sony ya había pisado el acelerador. Pavel peleó en tribunales durante algo más de 25 años hasta que en 2003 llegó finalmente a un acuerdo con la compañía japonesa que le entregó un cheque por una suma que jamás fue revelada.

La historia dice que Sony vendió tantas como 200,020,000 unidades de su reproductor portátil de cintas, y 400 millones en total de todas las variaciones que hizo del producto Walkman. Es sólo que, en los años finales del siglo pasado, en la mente de un hombre llamado Steve Jobs ya rondaba la idea de exterminar a ese dispositivo que, con los modos de un dinosaurio, le parecía pesado, tosco y aberrante.

Por ese entonces también surgió una compañía llamada Napster que ofrecía servicios de distribución e intercambio de archivos musicales a través de Internet, y que eventualmente habría de transformar a la industria de la música. Sony no lo supo entonces, pero los días del Walkman estaban contados.

El primer iPod apareció en octubre de 2001 y el iPhone en junio de 2007. El Walkman de Sony, habiendo evolucionado a un reproductor de archivos MP3, dejó de ser atractivo para el mundo al que cautivó en la década de 1980. El año 2010, luego de 31 años de existencia, Sony dejó de fabricar la última versión del Walkman.

Los Walkman de hoy se llaman iPhone XS, Galaxy Note 10, Huawei P30 Pro o cualesquier otro nombre que tengan los llamados teléfonos inteligentes que, precisamente por eso, no tienen que portarse en la cintura, son capaces de reproducir música a partir de archivos digitales que no tienen un peso físico específico y no son estorbosos ni ocupan lugar como las cintas de audio.

El hábito, sin embargo, de escuchar música mientras se camina, se corre, se viaja en un autobús, en un barco o en un avión, lo creó Sony hace 40 años al robar o transformar una idea de Andreas Pavel y universalizarla. Que tiempo después un tipo genial y megalómano haya convertido esa idea en algo glamoroso es meramente anecdótico.

No, el Walkman no fue tu idea, Steve. ¡Sacúdete en tu cripta!

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