Markus Braun, exjefe de Wirecard
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El escándalo financiero de la empresa de servicios de pago alemana Wirecard es digna de llevarse al cine. Pero es muy difícil que esta historia tenga un final feliz. En la noche del lunes, el grupo tuvo que admitir un agujero en las cuentas de fideicomiso y saldos de crédito que asciende a 1.900 millones de euros. Algo que la propia empresa calificó de “proporciones considerables”. El monto en cuestión representa alrededor de un cuarto del total del balance de Wirecard.

Por esta razón, la empresa, situada a las afueras de Múnich, ahora tiene que verificar, y probablemente rehacer, los balances de los últimos años, incluidas las perspectivas de negocio que tenían para los próximos años. Esto también provocó que los inversionistas huyeran el lunes y que, sin ellos, las acciones en Fráncfort cayeran aún más.

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Ya a finales de la semana pasada, dos bancos filipinos, donde estaría el dinero, habían anunciado que Wirecard no era cliente suyo.

Larga historia con muchos giros

“Este es verdaderamente un acontecimiento único en la historia económica de la República Federal de Alemania. No solamente que un grupo que cotiza en el Dax se derrumbe, sino que se perjudique a sí mismo de esta manera”, dijo Klaus Nieding, vicepresidente de la Asociación Alemana de Inversores (DSW, por sus siglas en alemán). “La compañía ha sido objeto de críticas durante mucho tiempo por su política de comunicación. Ahora, el hecho de que el mercado de capitales no haya empezado antes a dudar de sus balances, le pasa factura”, añadió.

De hecho, esta historia de críticas y ataques contra la empresa se remonta a más de una década. Hace diez años, por ejemplo, Markus Straub, vicepresidente de la Asociación Alemana de Protección de Inversores (SdK), expresó su sospecha de irregularidades en Wirecard. Sin embargo, al final, resultó que el propio Straub había apostado por la caída del precio de las acciones de la compañía. Debido a ello, Straub fue condenado por manipulación del mercado.

También hubo otro “ataque” de este tipo en 2016, cuando apareció un largo informe de una firma de analistas llamada Zatarra, que informaba sobre supuestas actividades criminales en Wirecard. Allí, también, el precio de las acciones cayó en picada.

Tarjeta de Wirecard.

Cuentas fantasma

No es casualidad que Wirecard haya sido en muchas oportunidades objeto de ataques y especulaciones. “Wirecard no parece ser completamente transparente, como también es el caso de otras sociedades anónimas”, asegura Nieding. Esto también se debe al modelo de negocio: Wirecard es un proveedor de servicios de pagos en línea o pagos con tarjeta en tiendas. Gran parte de su negocio se realiza a través de terceros socios en otros países, donde Wirecard no tiene licencias propias para hacer transacciones. La empresa ha crecido significativamente en los últimos años debido al aumento de compras virtuales.

Por todo eso, el caso de Wirecard resulta complejo. También los orígenes de la compañía en el procesamiento de pagos de páginas de pornografía y apuestas en Internet daban lugar para la imaginación y la especulación. En los últimos meses, por ejemplo, el diario británico Financial Times informó en repetidas ocasiones que había fuertes indicios de irregularidades en los operaciones del grupo en Asia. Ahora, al menos algunas de las acusaciones tienen un sustento bastante real.

Las supuestas cuentas de Wirecard en el banco filipino BPI eran una burda falsificación, según su director general, Cezar Consing: “Cuando nos mostraron los documentos, era muy claro que eran falsos”. Un gerente de “muy bajo rango”, que ya ha sido despedido, había firmado los documentos falsificados. Las investigaciones de medios alemanes como Süddeutsche Zeitung Der Spiegel llevan al abogado y fideicomisario Mark Tolentino, quien hasta el momento no ha podido ser ubicado.

Regulador financiero alemán golpeado

Tolentino habría gestionado los 1.900 millones de euros para Wirecard en fideicomiso. Generalmente, Wirecard necesita ese dinero porque la empresa actúa como intermediaria en transacciones de pago. Cuando los clientes hacen pedidos en tiendas virtuales, Wirecard adelanta el monto a dichas empresas. De esta manera, los productos llegan al cliente sin que el distribuidor tenga el dinero físico.

Lo que ahora pase con Wirecard está en manos de los bancos que le dan crédito. Bloquearla significaría un riesgo para el futuro de la compañía y de sus aproximadamente 5.000 empleados. Después de todo, en los últimos días se escuchó en el centro financiero de Fráncfort que hay un interés en mantener viva a Wirecard.

Tras la partida del controvertido director general, Markus Braun, y de Jan Marsalek, presidente del comité ejecutivo, la propia empresa ha anunciado su intención de reducir gastos y reposicionar la compañía. Aún no queda claro si eso será suficiente. Pero sí se ha comprobado, definitivamente, que todos los controles y auditorías fallaron en los últimos años. En ese sentido, la autoridad supervisora de los servicios financieros alemanes Bafin también hace una autocrítica: “No hemos sido lo suficientemente eficaces para evitar un caso así”, admitió su presidente Félix Hufeld, quién también calificó este escándalo como un “desastre total”.

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