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Es probable que el mundo necesite reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero en la próxima década para evitar niveles peligrosos del calentamiento global. Pero en realidad, año tras año, seguimos aumentando nuestra contaminación climática.

Las emisiones globales de dióxido de carbono de los combustibles fósiles subirán por tercer año consecutivo en 2019, alcanzando un estimado de 0,6 %, lo que supone una cifra récord de 37.000 millones de toneladas métricas, según el detallado informe anual de Global Carbon Project. Los ligeros descensos en EE. UU. y en la Unión Europea se han visto ensombrecidos por los aumentos en China, India y en otras partes del mundo, donde el crecimiento económico influye en la creciente demanda de energía.

De hecho, es probable que la contaminación por carbono vuelva aumentar en 2020, dados los aumentos estimados en el uso de petróleo y gas natural en las economías emergentes. El profesor de ciencias del sistema terrestre de la Universidad de Stanford (EE. UU.) y presidente de la colaboración internacional de investigación creada en 2001 para el seguimiento de la contaminación climática global Global Carbon Project, Rob Jackson, confirma: “Incluso con toda la atención de los movimientos juveniles y el creciente enfoque climático en todo el mundo, todavía no hemos dado la vuelta para estabilizarnos y reducir las emisiones”.

Sus conclusiones fueron publicadas recientemente en la revista Environmental Research LettersEarth System Science Data y Nature Climate Changecoincidiendo con la concentración de delegados de más de 200 países en Madrid (España) para la 25ª Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático. Lamentablemente, a pesar de las señales de alarma, la Cumbre del Clima se saldó con unos compromisos tan escasos como los de años anteriores.

A menos que los países se comprometan colectivamente y acuerden acciones mucho más agresivas, es probable que los niveles de dióxido de carbono sigan subiendo hasta 2030. Además, las temperaturas globales en este siglo podrían elevarse hasta 5 °C por encima de los niveles preindustriales, lo que acelerará el derretimiento de la capa de hielo, el aumento del nivel del mar y la destrucción de los arrecifes de coral.

El papel de las economías emergentes

Las emisiones globales se mantuvieron relativamente estables desde 2014 hasta 2016, lo que algunos atribuyeron a la mejora de la eficiencia energética y a que los países pasaran del carbón al gas natural (que es menos contaminante) y a las energías renovables. Muchos expertos esperaban que ese parón significara que las emisiones globales ya habían alcanzado su punto máximo. Pero los aumentos volvieron en 2017, liderados entonces igual que ahora por China e India.

Pero este reciente análisis demuestra que este año las emisiones de dióxido de carbono de China subieron un 2,6 % impulsadas por los aumentos en el uso de petróleo, gas natural y carbón, como también por la producción de cemento. Este fenómeno ya se había previsto, pero además, los otros informes revelan que el gigante asiático está en pleno auge de la construcción de plantas de carbón, y que sus inversiones en proyectos solares y eólicos se han desplomado en los últimos años.

Mientras tanto, las emisiones de la India probablemente solo subieron un 1,8 % este año, lo que al menos marcaría una fuerte bajada frente al 8 % del año anterior. Desafortunadamente, el agresivo impulso de este país para desarrollar proyectos solares y eólicos masivos se ha esfumado en los últimos meses, en medio de la creciente incertidumbre regulatoria y los desafíos financieros.

Estos dos países por sí solos, que representan el primer y el tercer generador mundial de emisiones de carbono, podrían perjudicar la capacidad del resto del mundo para cumplir los objetivos sobre las emisiones y la temperatura. Es probable que ambos tengan enormes aumentos de demanda energética en los próximos años, ya que su creciente clase media querrá comprarse coches, viajar en avión y buscar otros cambios de su estilo de vida que acercará su consumo de energía al de los europeos y estadounidenses. Si China y la India logran tasas de propietarios de coches similares a Estados Unidos, por ejemplo, pondrían en circulación casi 2.000 millones de coches nuevos.

La responsabilidad de las naciones ricas

En comparación, el informe encontró que este año las emisiones probablemente disminuyeron aproximadamente un 1,7 % tanto en EE. UU. como en la UE, en medio de sus continuos cambios del carbón hacia un mayor uso de energías renovables y gas natural.

Sin embargo, la huella de carbono de los países totalmente industrializados sigue siendo mucho mayor, tanto en términos de emisiones históricas como por persona. El consumo de petróleo per cápita de Estados Unidos, por ejemplo, es 16 veces mayor que el de la India.

Aunque estas naciones más ricas ahora están haciendo un pequeño progreso en la reducción de emisiones, dependieron de los combustibles fósiles para impulsar su crecimiento económico durante más de un siglo. Por lo tanto, estos países tienen una clara responsabilidad, y también una mayor capacidad económica, para reducir las emisiones de manera más profunda y rápida que las economías emergentes. También deberían ayudar a esos estados a alcanzar la mayor parte posible de su crecimiento con tecnologías de energía limpia, proporcionando financiamiento de bajo coste, conocimientos tecnológicos y otras formas de apoyo.

Puntos positivos

Hay algunos puntos positivos en el informe. El aumento global de las emisiones de este año fue más lento que el de los dos años anteriores. Y el uso del carbón disminuyó alrededor del 11 % en EE. UU., el 10 % en la UE y el 0,9 % a nivel mundial.

Además, los llamamientos a la acción sobre el cambio climático están creciendo en todo el mundo, como lo demuestran las protestas juveniles y las propuestas políticas como el Nuevo Pacto Verde (Green New Deal). Y las tecnologías de energía limpia como las energías renovables y los vehículos eléctricos son cada vez más baratas y populares.

Pero hasta ahora, la energía eólica y solar se ha utilizado en gran medida para satisfacer la nueva demanda de energía en vez de sustituir las tradicionales plantas de combustibles fósiles, según Jackson. No obstante, el cambio del carbón al gas natural sí que ayudó a EE. UU. y a Europa a bajar los niveles de contaminación climática en los últimos años. Pero ahora se usa cada vez más para satisfacer el aumento del consumo de energía en todo el mundo, a medida que los precios caen y los países en desarrollo importan cada vez más gas natural en estado líquido.

El fracaso de Madrid                                                     

Uno de los principales objetivos de la pasada cumbre era elaborar los detalles de cómo los países cumplirían sus primeros compromisos para reducir las emisiones en virtud del histórico acuerdo climático de París (Francia) alcanzado en 2015.

Pero eso no pasó. Y un reciente informe del Programa de Medio Ambiente de la ONU destacó que los países deberían triplicar sus compromisos para mantener el calentamiento por debajo de 2 ˚C, que es el gran objetivo del Acuerdo de París.  De hecho, tendrían que intensificarlos cinco veces más para tener una oportunidad real de limitar el calentamiento a 1,5 ˚C, el objetivo al que aspira el Acuerdo. Eso probablemente requeriría reducir las emisiones globales en un 55 % para 2030.

Como señaló The Guardian, las reducciones que se acercan a esa magnitud, incluso dentro de un solo país, solo se han producido un par de veces en la historia reciente: después de la Gran Recesión de EE. UU. y en medio del colapso de la Unión Soviética. En un comunicado reciente, el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial, Petteri Taalas, afirmó: “No estamos ni cerca de alcanzar el objetivo del Acuerdo de París” .

Otro reciente informe descubrió que las temperaturas medias globales ya han aumentado 1,1 ° C desde el comienzo de la era industrial, y que es probable que 2019 sea el segundo o tercer año más cálido jamás registrado. Eso significa que los últimos cinco años fueron casi seguramente los más cálidos de la historia desde que hay registros, como también el período en el que los huracanes, los incendios forestales, las inundaciones y las olas de calor establecieron nuevos estándares en todo el mundo. Cada medio grado adicional de calentamiento solo hará que tales eventos climáticos extremos sean más comunes, más devastadores, o ambos.

Queda claro que reducir las emisiones en cualquier lugar lo suficientemente rápido requerirá un esfuerzo enorme y sin precedentes: impulsar los impuestos al carbono, las políticas energéticas, la financiación de I+D y los acuerdos internacionales para aumentar la eficiencia energética, promover los vehículos eléctricos, desarrollar la energía eólica y solar, cortar las emisiones industriales, aumentar el transporte público y más.

Es una tarea difícil teniendo en cuenta que, décadas después de que los peligros quedaran perfectamente claros, aún no hemos logrado dejar de empeorar la situación.

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