Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Fotografía: Archivo TyN Magazine
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El día de ayer los indicadores de Wall Street cerraron a la baja ante la sola posibilidad de que la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos promoviese el proceso de impeachment en contra del actual inquilino de la Casa Blanca. Un punto de favor de Nancy Pelosi, que aguardó a que cerraran los mercados antes de hacer oficial el anuncio de esta iniciativa.

El daño, aunque mínimo, estaba hecho, pero la incertidumbre gravita en relación a qué ocurrirá el día de hoy en los mercados y también durante el tiempo que dure el proceso iniciado por el ala demócrata y cuya finalidad no es otra más que destituir a Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, por haber hecho uso de su cargo y tratado de socavar la candidatura del ex presidente Joe Biden, al presionar mediante una llamada telefónica al presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, para que iniciase una investigación judicial en su contra y la de su hijo Hunter Biden.

Al día de hoy sólo se han iniciado dos procesos de impeachment en la historia de Estados Unidos: uno procesó al sucesor de Abraham Lincoln, Andrew Johnson, y el otro a Bill Clinton. En ninguno de los dos casos prosperó, aunque es necesario decir que hubo un tercer momento en el que no fue necesario hacer uso de esta herramienta constitucional pues Richard Nixon renunció poco antes a la presidencia.

Sin embargo, durante el affaire Watergate y el caso Lewinsky los mercados reaccionaron de manera disímbola a la tormenta que se cernía sobre los ocupantes de la Casa Blanca. En el caso de Nixon, las condiciones políticas, sociales y culturales, aunadas al conflicto bélico con Vietnam del Norte, se tradujeron en condiciones turbulentas para los mercados que eventualmente entraron en recesión.

En lo referente a Clinton, una de cuyas mayores victorias políticas durante sus dos mandatos presidenciales fue la de poner nuevamente a la economía de los Estados Unidos sobre rieles y andando, los mercados no se vieron afectados por el escándalo y, contrario a lo que se piensa, subieron de valor, del mismo modo en que lo hacía lo economía, en un momento que también se recuerda tuvo lugar el boom de las puntocom.

¿Cuáles son, entonces, las perspectivas que enfrentarán los mercados de cara al proceso de impeachment iniciado en contra de Donald Trump? No muy halagüeñas, por principio, en tanto multimillonario metido a presidente se ha dedicado en los últimos tiempos a abrir frentes de guerra en todos lados. El conflicto más evidente tiene que ver con China, país con el que ha establecido un pulso económico basado en sanciones, aumento de aranceles a las importaciones y vetos a determinadas empresas y sectores de mercado.

Por otro lado, deliberada o azarosamente, la situación se ha complicado en relación al conflicto con Irán, cuyo último capítulo involucra a uno de los principales aliados de Estados Unidos en el Medio Oriente, Arabia Saudita, y aunque podría hablarse de meras escaramuzas, ese fuego lleva ardiendo muchos años y no tendría por qué apagarse ahora.

El trasfondo electoral es también una variable a tomar en cuenta. Más allá de las violaciones a la Constitución en las que pudiera haber incurrido Trump, el Partido Demócrata podría estar haciendo uso del impeachment como un arma electoral para descarrillar su candidatura, especialmente si se toma en cuenta que nunca un presidente ha sido destituido. En tales circunstancias, es previsible que Trump empiece a crear distracciones para defenderse, y ésta es la parte más peligrosa en tanto implica confrontaciones fuera de territorio estadounidense que, más allá de su trascendencia, ciertamente podrían afectar a los mercados.

Aunque sólida, la economía de los Estados Unidos ha tenido que echar mano de recortes o aumentos a las tasas de interés en los últimos tiempos, todo ello acorde a la dirección de la que provenga el viento. El poner en marcha el impeachment equivale a recibir un anuncio del servicio meteorológico anunciando una tormenta. Y el fantasma de la recesión ha sido invocado en varias ocasiones por las bravatas de Trump que, ya se sabe, suelen agitar aún más las aguas.

No son tiempos buenos los que se avecinan, pero ese no es el punto, sino tan sólo saber cuán malos serán.

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