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Los temores por el contagio del nuevo coronavirus se han traducido en una desaceleración de la economía.

Los mercados bursátiles se han visto afectados: el FTSE 100 de Reino Unido ha vivido sus peores días en muchos años, al igual que el Dow Jones y S&P en Estados Unidos.

Y como el dinero tiene que ir a alguna parte, el precio del oro -que es visto como un producto estable en eventos extremos- alcanzó un máximo de siete años.

Una mirada retrospectiva a la historia, sin embargo, puede ayudarnos a considerar los efectos económicos de las emergencias de salud pública y cómo manejarlos mejor.

Aunque al hacerlo es importante recordar que las pandemias pasadas fueron mucho más mortales que el coronavirus, que tiene una tasa de mortalidad relativamente baja.

Efectivamente, sin medicina moderna e instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS), las poblaciones pasadas eran más vulnerables.

Un poco de historia de las grandes pandemias

La peste de Justiniano

Se estima que la plaga de Justiniano en el año 541 mató a 25 millones de personas. La peste es la pandemia por excelencia, y en el imaginario colectivo se identifica con la peste negra, que devastó el continente europeo en el siglo XIV. Sin embargo, otra epidemia igualmente letal, pero menos conocida, mató a millones de personas casi un milenio antes: la peste de Justiniano, la primera pandemia pestífera de la que se conservan fuentes escritas.

La economía quedó desarticulada cuando el número de muertos superó al de los vivos en edad de trabajar. Los salarios se dispararon a causa de la escasez de mano de obra, lo que provocó una ola de inflación que duró decenios, a pesar de que el comercio y los intercambios se habían paralizado. Se adoptaron medidas de emergencia para que el aparato administrativo del Imperio no quedase afectado y se intentó llenar los vacíos legales causados por el vertiginoso aumento de muertes imprevistas. El emperador promulgó una ley en la que estipulaba los derechos y deberes de los herederos de quienes morían sin testamento, incluso en lo que respecta a la regulación de las deudas contraídas. Los banqueros y prestamistas suspiraron aliviados.

La peste Negra

La peste negra o muerte negra se refiere a la pandemia de peste más devastadora en la historia de la humanidad que afectó a Eurasia en el siglo XIV y que alcanzó un punto máximo entre 1347 y 1353. Es difícil conocer el número de fallecidos, pero en el siglo XXI las estimaciones de 25 millones de personas solo en Europa, aproximadamente un tercio de la población, se consideran muy optimistas.​ La teoría aceptada sobre el origen de la peste explica que fue un brote causado por una variante de la bacteria Yersinia pestis.

Las consecuencias sociales de la muerte negra llegaron muy lejos; rápidamente se acusó a los judíos como los causantes de la epidemia por medio de la intoxicación y el envenenamiento de pozos. En consecuencia, en muchos lugares de Europa se iniciaron pogromos judíos y una extinción local de comunidades judías. Aun cuando líderes espirituales o seculares trataron de impedir esta situación, la falta de autoridad debido a la agitación social, que a su vez era consecuencia de la gravedad de la epidemia, generalmente no les permitía a aquellos tener éxito.

La gran pérdida de población trajo cambios económicos basados en el incremento de la movilidad social según la despoblación erosionaba las obligaciones de los campesinos (ya debilitadas) a permanecer en sus tierras tradicionales. La peste provocó una contracción del área cultivada en Europa, lo que hizo descender profundamente la producción agraria. Esta caída llegó a ser de un 40 % en la zona norte de Italia, en el periodo comprendido entre 1340 y 1370.28​

La repentina escasez de mano de obra barata proporcionó un gran incentivo para la innovación que ayudó a traer el fin de la Edad Media. Algunos argumentan que causó el Renacimiento, a pesar de que el Renacimiento ocurriera en algunas zonas (tales como Italia) antes que en otras. A causa de la despoblación, sin embargo, los europeos supervivientes llegaron a ser los mayores consumidores de carne para una civilización anterior a la agricultura industrial.

La Gripe Española

La gripe española entre 1918 y 1920, se cobró la vida de más de 675.000 personas en España. En el mundo, la cifra ascendió a entre 20 y 100 millones, dependiendo de la fuente consultada. La primera estimación fue realizada precisamente, en 1927, por un bacteriólogo americano, Edwin Jordan, que calculó a la baja 21.642.283 muertos. En 1970, un Premio Nobel de Medicina, el biólogo australiano Frank Macfarlane Burnet, habló de entre 50 y 100 millones. Y en 2002, Niall P. A. S. Johnson y Juergen Mueller defendieron que los fallecidos alcanzaron los 50 millones.

La «gripe española», llamada así porque en España, como país neutral en la Primera Guerra Mundial, fue donde primero se contaron los estragos de aquella pandemia, al no contar con la censura propia de la contienda.

En cualquier caso, aún hoy se desconoce el origen geográfico de la pandemia. Las dos teorías más valoradas, el foco de Kansas el 4 de marzo de 1918 y la gripe «china». Ya que se sabe que en la provincia de Shanxi del país asiático, en 1917 irrumpió una enfermedad respiratoria que podría haber sido el primer episodio de la enfermedad. Esto combinado con investigaciones posteriores que revelan que a la par de la guerra en el invierno entre 1917 y 1918 se habría movilizado a aproximadamente 96.000 trabajadores chinos para las líneas de las trincheras británicas y francesas en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial, hace pensar que el foco podría haber sido China. A partir del cual se habría se extendido por todo el mundo.

¿Qué medidas preventivas se tomaron durante la gripe española?

Primero, todas las ciudades aplicaron al menos una de estas tres medidas: a) suspensión de las clases escolares, b) prohibición de aglomeraciones y c) aislamientos o cuarentenas. Segundo, el protocolo más común fue combinar la suspensión de las clases con la prohibición de las aglomeraciones: el 79% de las ciudades analizadas (34 sobre 43) lo aplicó con una duración mediana de cuatro semanas. A su vez, dentro de esas 34 ciudades, 15 también utilizaron la cuarentena o los aislamientos. En cambio, otras ciudades optaron o por solo una de las otras tres medidas o por una combinación diferente entre ellas. Tercero, las ciudades que aplicaron como mínimo la suspensión de clases y la prohibición de aglomeraciones a la vez fueron las que consiguieron controlar en mayor medida las muertes extraordinarias debidas a la epidemia. Cuarto, las ciudades que aplicaron estas medidas antes fueron las que alcanzaron sus picos de letalidad más pronto (en cambio, las que más tardaron en aplicarlas fueron las que más tardaron en derrotar la enfermedad). Quinto, las ciudades que aplicaron estas medidas antes también sufrieron picos de letalidad menos gravosos que las ciudades que las aplicaron después. Sexto, las ciudades que levantaron demasiado pronto las medidas de contención experimentaron un doble pico de letalidad (a saber: las medidas logran contener la epidemia, se retiran antes de tiempo y la epidemia vuelva a extenderse). Y séptimo, y en definitiva, las ciudades que fueron más raudas a la hora de reaccionar ante la epidemia padecieron una letalidad inferior a la del resto.

¿Sirve repetir la historia?

Los gobiernos deben tener mucho cuidado para gestionar las consecuencias económicas: tratar de mantener el status quo en virtud de sus propios intereses puede dar lugar a disturbios y volatilidad política.

Segundo, restringir la libertad de movimiento puede generar una reacción violenta.

¿Hasta qué punto nuestra sociedad moderna y móvil aceptará la cuarentena, incluso cuando sea por un bien mayor?

¿Están los gobiernos preparados para mantener la cuarentena estricta de los ciudadanos en los hogares?

¿Están preparados los mercados para sostener esta caída global?

¿Entiende la población la gravedad de la situación? ¿Los medios de comunicación son responsables de la falta de conocimiento general?

¿Están los sistemas sanitarios preparados para la avalancha de pacientes que reciben a diario?

Además, no debemos subestimar la reacción psicológica instintiva. La peste negra vio un aumento en los ataques xenófobos y antisemitas. El miedo y la sospecha hacia los extranjeros cambiaron los patrones del intercambio comercial.

Habrá ganadores y perdedores económicos a medida que se desarrolle la actual emergencia de salud pública.

Todas son lecciones que refuerzan la necesidad de respuestas medidas y cuidadosamente investigadas por los gobiernos actuales.

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