COMPARTIR:Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

2020 fue un gran año para los inversores. La pandemia del Covid-19 provocó fuertes caídas en los mercados de renta variable. Más tarde llegó una fuerte recuperación impulsada por la rápida respuesta de los gobiernos y de los bancos centrales.

La clave del repunte del año pasado en los mercados de renta variable y renta fija desde sus mínimos fue la magnitud del apoyo de los organismos monetarios.

Las compras de deuda pública han llevado a los tipos de interés a largo plazo a niveles mínimos, una tendencia que continuará pero a un ritmo más lento. El equipo de analistas de JPMorgan prevé un aumento del balance global de los bancos centrales de 5 billones de dólares este año. “El crecimiento del balance en 2021 podría ser la mitad de 2020, pero ese ritmo todavía estaría asociado con la inflación de los precios de los activos”, explican.

Las acciones tecnológicas y de alta calidad lideraron el repunte desde las fuertes caídas de marzo, pero, durante la segunda mitad del año, los inversores optaron por acciones más sensibles al ciclo económico, acciones de “valor” más baratas y bonos de alto rendimiento. Esta tendencia se ha visto reforzada por las expectativas de una recuperación económica más extensa el próximo año con la llegada de las vacunas.

Ver más: Gigantes tecnológicos: consolidaron su poderío financiero pero no económico en el 2020

La aprobación de las vacunas ha acelerado el ritmo de una amplia rotación del mercado, con grandes ganancias para las empresas más pequeñas.

El repunte desde marzo es impresionante, pero plantea la preocupación de que los mercados se hayan endeudado en exceso contando con las rentabilidades de 2021. Los mercados de renta variable globales registrarán dos años consecutivos de ganancias de dos dígitos y, aunque es poco habitual que haya tres años consecutivos de ganancias, puede ocurrir.

Así las cosas, cabe preguntarse si la racha continuará en 2021 o si las valoraciones ya elevadas pesarán sobre las rentabilidades.

La respuesta reside en el alcance de la recuperación prevista de los beneficios este año. La estimación actual de beneficios por acción para el S&P 500 para 2021 es de 169,20 dólares, lo que representaría un repunte del 21.7% frente a 2020. Esto significaría un beneficio por acción sin precedentes en relación con el indicador de referencia y llegaría después de una caída en las previsiones de beneficios del 13,8% en 2020.

Las estimaciones de beneficios de Wall Street para el próximo año suelen ser un 7% más altas, según John Butters, analista senior de FactSet. De ser así, el beneficio por acción en 2021 sería de 157,32, por debajo de las cifras reales de 2018 y 2019, que fueron de 161,45 y 163,02 dólares, respectivamente.

Sin embargo, hay razones para pensar que los beneficios podrían sorprender positivamente. La pandemia llevó a las empresas a acumular efectivo mediante la reducción de costes y de recompras y dividendos.

“Las empresas no vieron esto como una recesión normal y redujeron sus costes al límite para sobrevivir”, explica James Paulsen, analista de The Leuthold Group. “Un nivel de costes mínimos significan que el aumento de la demanda traerá consigo un incremento de los beneficios”, sostiene.

Ver más: Cuatro tendencias de consumo que marcarán el 2021

Un repunte de los beneficios este año es fundamental porque las valoraciones se sitúan muy por encima de sus niveles medios. Unas ganancias más altas reducirán los múltiplos de valoración que se han ampliado con el tiempo.

Las acciones de Wall Street destacan por ser más caras que las de sus rivales. Esto podría favorecer a la renta variable de los mercados emergentes a lo largo del año y a empresas más cíclicas. El argumento es que experimentarán un mayor repunte en el crecimiento de los beneficios como consecuencia de una recuperación económica más fuerte y un dólar más débil.

El rendimiento del dólar es importante porque ayuda a impulsar el crecimiento global y los beneficios corporativos. Se sabe que Wall Street puede contagiar al resto del mundo cuando la divisa de reserva entra en una tendencia bajista sostenida. El aumento de las divisas locales ayuda a impulsar los rendimientos de los inversores mundiales que poseen acciones no estadounidenses.

Un repunte más amplio y global de la renta variable augura buenos tiempos para los defensores de la compra de acciones de valor, empresas baratas que en la última década han estado muy rezagadas con respecto al rendimiento de rivales de crecimiento más rápido. La ratio entre el valor y las empresas en crecimiento ha aumentado recientemente, aunque su evolución desde 2007 deja mucho que desear.

Las expectativas de que la recuperación se acelere durante 2021 dependen de la vuelta a la normalidad tras las vacunaciones masivas. Pero ‘normal’ en el entorno financiero significa tipos de interés más altos.

El persistente descenso de las rentabilidades de los bonos en un contexto de baja inflación y la intervención de los bancos centrales en la última década dejan a los inversores en un cierto grado de suspenso. Nadie puede estar seguro de que una década de estancamiento sea la antesala de un ciclo de crecimiento más rápido, que recompense a los accionistas y amenace los rendimientos de los inversores en bonos.

“Los inversores en renta variable dan la bienvenida al ciclo de crecimiento del año 2021, mientras los inversores en deuda se centrarán en el largo plazo, donde el crecimiento seguramente será más lento”, opina Katie Nixon, jefa de inversión de Northern Trust Wealth Management.

COMPARTIR:Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

NO COMMENTS

DEJAR UN COMENTARIO