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¿Puede cambiar la vida de una persona en tan solo dos años? La respuesta es claramente sí, pero en estos tiempos oscuros no está de más tenerlo presente. Es lo que le sucedió a Carlos Báez, venezolano de nacimiento, que el 22 de enero de 2018, y con apenas 23 años encima, llegó a la Argentina “con una mano atrás y otra adelante”, como reza el dicho.

Hoy, este ex estudiante de segundo año de la carrera de Administración de empresas en la Universidad Católica del Táchira que dejó todo atrás para buscar un futuro mejor para él y su familia, es el jefe de Operaciones en Treggo, la plataforma que ofrece envíos urbanos inmediatos, que deja atrás un 2020 récord en sus cinco años de historia: quintuplicó su operación en cuarentena y experimentó un crecimiento de un 455% durante las fiestas. 

Carlos tenía en total 220 dólares consigo y una deuda en Venezuela -producto de una estafa- y muchas ganas de trabajar. “La primera semana estuve haciendo documentos para estar legal como residente y a los 15 días comencé a trabajar en una heladería como cadete y delivery. En aquel momento ganaba poco, pero me alcanzaba para los gastos; ahí estuve seis meses donde aprendí muchas cosas y logré conocer lo que era ser inmigrante”, recuerda este muchacho que en su país natal trabajó haciendo lo que hacía falta para mantenerse a él y a su esposa: compraventa de divisas, comercialización de tarjetas de crédito, ayudar en el emprendimiento familiar y hasta trabajar en una heladería.

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“Mi vida en Venezuela era muy simple, desde los 18 años era independiente y en ningún momento me faltó nada en la casa pero poco a poco la situación del país se fue tornando cada día más difícil debido a la inflación”, relata, para agregar inmediatamente: “Si bien sabía que podía afrontar mi día a día, no tenía proyección de futuro, y verdaderas oportunidades de desarrollo y progreso laboral o personal, iba a ser muy difícil acceder a ciertas cosas o incluso mantener una familia por mi propia cuenta”.

De la noche a la mañana

Todo lo que siguió en la vida de Carlos fue rapidísimo: inicialmente empezó a trabajar como repartidor en Rappi, pedaleando día y noche quizás hasta 40 kilómetros por día. Fue en esos tiempos cuando la vida, el destino, Dios, o la casualidad lo cruzó con Matías Lonardi, CEO y cofundador de Treggo.

Así cuenta la historia Carlos: “Rappi te bloqueaba la app y no te dejaba tomar envíos cuando tenías mucho efectivo en mano, únicamente te permitía tomar envíos abonados con tarjeta de crédito. Un día me tocaron una seguidilla de pedidos en efectivo y quedé bloqueado por el resto de la noche. Tras 30 minutos de espera, decido dejar de trabajar por ese día, pero acompañé a un amigo, Álvaro Gómez [hoy operador logístico en Treggo] a dejar un pedido en avenida Las Heras y Ugarteche porque quedaba de paso al departamento donde vivíamos. Allí le entregamos el pedido a Matías, nos comentó sobre Treggo y nos invitó a registrarnos para que podamos generar algo de ingresos extras.  Por otro lado, también nos contó sobre Cream Roll, una empresa de helados tailandeses donde él también era accionista y necesitaban ayudantes para un evento, así que intercambiamos números de teléfono”.

A la semana siguiente Carlos se registró y comenzó con Treggo. Hizo tres envíos como Treggo Partner y a los días Lonardi les habló a ambos para capacitarlos en el emprendimiento los helados tailandeses. Los dos dejaron de hacer envíos en Rappi cuando abrió el primer local de Cream Roll en Las Palmas de Pilar, pero tenían de viaje cuatro horas diarias entre ida y vuelta, día por medio, para poder ir a trabajar. Pero esto no era suficiente para Carlos, que le pidió a Matías más trabajo. Así fue como comenzó a ir a Treggo en sus días libres de la heladería para ayudar en la conciliación de cuentas. Un trabajo complejo, pero con un final positivo: al poco tiempo Carlos había dejado de hacer helados tailandeses en Cream Roll y estaba trabajando full time en Treggo como operador logístico, un puesto creado a la medida para él.

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En la actualidad, Báez es Jefe de Operaciones, a cargo de un equipo de nueve personas (operadores logísticos), supervisando y siendo responsable por la operación de Treggo en Argentina y Uruguay. Su principal objetivo es mantener un cumplimiento de servicio de al menos un 95%, que cada persona pueda recibir su compra online en el mismo día que Treggo la retira. 

En el orden de lo personal, Carlos tuvo la posibilidad de hacer un viaje de dos meses a su Venezuela natal trabajando remotamente en diciembre de 2019, casi dos años después de irse, para visitar a su familia y poder convencer a su esposa Anggela de ir a la Argentina, “una de las mejores cosas que me han pasado desde que estoy en Treggo”, finaliza, conmovido.

Carlos Báez, hoy con 27 años, no sabe lo que le depara el futuro, pero sí sabe que quiere seguir tomando retos que impliquen, sí o sí, aprender o hacer algo nuevo todo el tiempo.

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