Edgardo Torres-Caballero, Director General de Mambu para América Latina.
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Por Edgardo Torres Caballero, Director General de Mambu para las Américas 

La industria financiera de América Latina está evolucionando rápidamente y desarrollando nuevas oportunidades para bancos y fintechs. Sin embargo, el desafío crítico de la industria radica en cómo los bancos harán frente al rápido crecimiento y evolución de la región, así como a millones de personas no bancarizadas y conectadas a la red gracias a sus teléfonos móviles.

Según GSMA, el porcentaje de la población del continente con acceso a un teléfono inteligente asciende al 76%, pero solo el 45% tiene acceso a los servicios bancarios. En ciertos casos, los bancos parecen enfrentarse a un dilema, no pueden satisfacer todas las demandas y deben elegir entre agregar rápidamente nuevos productos y servicios o ser lo suficientemente robustos para capturar la mayor cantidad de clientes posible.

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Algunos bancos han sido eclipsados por nuevos jugadores del mercado, como Nubank en Brasil, que recientemente cerró una ronda de financiación por 400 millones de dólares, lo que incrementa su valor a más de 10 mil millones de dólares y le permitió lanzar sus operaciones en México y Argentina. A pesar de la explosión y competencia en este segmento de la industria, los bancos tradicionales cuentan con un arsenal de ventajas – una base de clientes existente, confianza, datos históricos y sólidos balances- que los posicionan como líderes hoy y en el futuro.

“A medida que aumenta el ritmo del cambio, ya sea debido a la innovación, la regulación o la competencia, aumenta la vulnerabilidad de un banco” indica Bloomberg en un artículo de 2018. La única forma en que los bancos pueden manejar este riesgo es generando procesos operativos más flexibles, que les permitan adaptarse rápidamente a las nuevas formas de servicios financieros. En resumen, se requiere más agilidad para disipar cualquier temor de ser “demasiado grande para responder”.

La pregunta no es escala versus agilidad. Es qué instituciones adoptarán un nuevo modelo de banca. Uno basado en la nube que integre flexibilidad e integración operativa de sistemas independientes e ideales para cada propósito, que permita a los bancos crear experiencias de servicio modernas y competitivas en la era de la tecnología financiera, para evolucionar constantemente y responder activamente al cambio.

Entonces, ¿qué hace que este enfoque sea diferente? Primero reconoce la necesidad de responder rápidamente a los cambios en los mercados, clientes, competidores, regulaciones y tecnologías. Una verdadera plataforma SaaS permite a los bancos reducir drásticamente los costos, a la vez que genera un centro de tecnología financiera capaz de satisfacer las necesidades de los clientes a través de la implementación rápida de sistemas independientes que mejoran continuamente la experiencia y liberan al banco de lanzamientos disruptivos importantes.

El estudio “Agilidad a escala”, publicado por Deloitte en 2018, proporciona las siguientes recomendaciones basadas en su experiencia con clientes de todo el mundo en el sector financiero y otras industrias.

“Una metodología ágil a nivel empresarial no puede lograrse con cambios superficiales. Se requiere un cambio estructural para evolucionar con éxito de una organización tradicional a una con equipos interfuncionales que trabajen de manera autónoma y alineados a objetivos estratégicos comunes”

En un artículo de 2019, la consultora internacional indica que los bancos heredados encerrados en sistemas obsoletos y escritos en lenguajes de programación en desuso simplemente carecían del nivel de agilidad necesario para competir en un mercado moderno y digital donde las demandas y regulaciones de los consumidores pueden cambiar de la noche a la mañana.

La capacidad de composición permite a los bancos recopilar y analizar datos para generar inteligencia de negocios que ayude a la optimización de sus actividades de back office, todo respaldado por las capacidades de una plataforma nativa en la nube que permite el lanzamiento de nuevos productos de una manera rápida y eficiente.

En 2019, Accenture comparó esta estrategia no con el futuro, como era de esperarse, sino con una era pasada de bancos más pequeños que conocían íntimamente las necesidades, gustos, hábitos y comportamientos únicos de sus clientes. Al utilizar un enfoque de arquitectura en componentes, los bancos no solo pueden recopilar información sobre estas tendencias a una velocidad sin precedentes, sino que también pueden liberar esta data del encierro de los silos propios de los sistemas heredados y generar un “sector de gestión de información, donde los datos y servicios se adaptan al individuo en tiempo real”.

Sin embargo, para un banco tradicional con alto grado de complejidad estructural, regulatoria y de procedimientos, lograr la agilidad a escala requiere de una asociación con un sistema y equipos calificados, capaces de disminuir los costos y recursos operativos. También deben ser capaces de completar la hazaña en meses, no años, para comenzar a cosechar beneficios a la velocidad del 2020.

Esto va más allá de la imaginación. Banco Galicia, una entidad establecida en la Argentina, lanzó recientemente NaranjaX – su proveedor de servicios financieros digitales- como una progresión de Naranja, el mayor emisor de tarjetas de crédito en el país que cuenta con más de 5 millones de clientes, con el propósito de alcanzar rápidamente los 20 millones de usuarios. Mientras tanto, también en Argentina, la Fintech Ualá, comenzó a aprovechar un enfoque bancario de arquitectura en componentes para tomar decisiones de crédito basadas en datos del consumidor y ha suscrito más de 800 mil dólares pagados en solo 10 meses a mercados desatendidos. El momento de aceptar el cambio y diseñar el futuro es ahora.

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