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Esta cápsula no está hecha a partir de síntesis química, como la del los fármacos que usamos habitualmente.

Esta cápsula se encuentra en fase experimental y se ha probado en cerdos, pero los resultados son muy prometedores. Según Mark Mimee, uno de los creadores del sensor, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en EEUU, “el objetivo era detectar evento hemorrágico simplemente ingiriendo la cápsula”.

Para dar este salto a pacientes, los ingenieros responsables primero intentarán reducir el tamaño del sensor (el actual mide 3,81 centímetros) y estudiar cuánto tiempo pueden sobrevivir las células bacterianas que viajan en la cápsula en el tracto digestivo. La idea también “es desarrollar tecnología capaz de diagnosticar otras afecciones gastrointestinales, además de las hemorragias”, apunta Mimee.

El secreto de este chip es que combina sensores hechos de células vivas con componentes electrónicos de muy baja potencia. “Así, podemos detectar señales biológicas en el cuerpo que se traducen en una respuesta inalámbrica, y casi en tiempo real”, apunta Timothy Lu, profesor asociado de ingeniería eléctrica, informática e ingeniería biológica del MIT.

Centrándose en una alteración muy concreta, la hemorragia en el tracto gastrointestinal, el equipo de ingenieros del MIT diseñó una cepa probiótica de E. coli capaz de emitir una señal de luz cuando se encuentra con un componente de la sangre denominado hemo. Colocaron dicha bacteria en cuatro pozos en un sensor de 3,81 centímetros, cubierto por una membrana semipermeable que permite que las pequeñas moléculas del entorno digestivo se difundan a través de ellas.

Debajo de cada pozo hay un fototransistor que puede medir la cantidad de luz producida por las células bacterianas y transmitir la información a un microprocesador que envía una señal inalámbrica a un ordenador o un teléfono cercano.

“El objetivo de este trabajo es el diseño y la integración del sistema para combinar la potencia de la detección bacteriana con circuitos de muy baja potencia para realizar importantes aplicaciones de detección de la salud”, resume Anantha Chandrakasan, otro de los creadores del dispositivo.

A nivel digestivo, señala Javier Crespo, jefe de digestivo del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (Santander), “este tipo de dispositivos podría ayudarnos a determinar los distintos perfiles que creemos que hay de pacientes con síndrome del intestino irritable, en función del tipo de microbiota”.

En los cerdos, el sensor ha demostrado que, efectivamente, sí podía determinar con éxito si había sangre en el estómago, por lo que se abre el camino para explorar otras bacterias modificadas para detectar diferentes enfermedades.

 

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