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Las grandes empresas tecnológicas llevan años aprovechándose de diversas tácticas fiscales que han generado muchas críticas entre los gobernantes de diversos países de la Unión Europea. Hace tiempo que diversos esfuerzos tratan de hacer que la situación sea más coherente, pero la dificultad de esos acuerdos ha hecho que algunos países traten de poner en marcha sus propias ‘tasas Google’.

España ya había avanzado que se adelantaría en la aprobación del impuesto sobre determinados servicios digitales, popularmente conocido como tasa Google, a la espera que haya avances en las conversaciones que se están llevando a cabo en el seno de la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económicas (OCDE) para crear un impuesto a nivel internacional. Y lo anunció pese a las presiones de EE UU, que amenaza con nuevos aranceles si los países comunitarios adoptan la vía unilateral en lugar que atenerse a las negociaciones en marcha en el organismo con sede en París. Washington ya logró que Francia diera marcha atrás en un impuesto que ya tenía aprobado.

El gravamen diseñado para España contará presumiblemente con un tipo impositivo del 3%, que se aplicaría sobre empresas digitales con una facturación mundial superior a 750 millones y cuyos ingresos en España sean mayores a los tres millones de euros. El decreto presentado el año pasado, que decayó por la convocatoria electoral, definía tres hechos imponibles en el que la participación de los usuarios es decisiva para la creación de valor: la publicidad dirigida a usuarios de una interfaz digital (página web, plataforma tecnológica, software, o red social); la puesta a disposición de plataformas que permitan a los usuarios localizar a otros usuarios para comerciar con ellos (el caso paradigmático es Amazon) y, por último, la venta o cesión de datos recopilados de los usuarios de una web o plataforma.

Según la Cadena Ser, el Congreso de Ministros aprobará la ‘Tasa Google’ —junto a la ‘tasa Tobin’, orientada a transacciones financieras— este martes, y la intención es la de ponerla en marcha definitivamente en el segundo semestre de este año.

UNA ‘TASA GOOGLE’ GLOBAL

La OCDE calcula que una tasa Google mundial permitiría recaudar unos 100.000 millones de dólares anuales (más de 92.000 millones de euros), equivalentes al 4% de lo que ahora obtienen los Estados a nivel mundial en impuesto de sociedades. El organismo con sede en París, que en 2017 aceptó el encargo de estudiar cómo reformar las reglas fiscales internacionales, está actualmente trabajando sobre dos grandes pilares: el primero supone que las grandes corporaciones —no solo tecnológicas— tributen donde estén sus usuarios aunque no tengan ahí sedes físicas; el segundo contempla la fijación de un tipo mínimo de sociedades a nivel global para evitar el desvío de los beneficios de los grandes grupos a territorios con reglas fiscales más ventajosas y asegurar que paguen impuestos en todos aquellos países donde operan.

El fin último es garantizar una asignación equitativa de los derechos fiscales entre Estados y evitar que estos adopten soluciones unilaterales generando tensiones. En un informe publicado el pasado jueves a través de los datos de más de 200 jurisdicciones y más de 27.000 multinacionales, la OCDE apunta a que el primer pilar generaría una leve mejora en la recaudación en la mayoría de las jurisdicciones, y que el segundo pilar permitiría lograr ingresos más significativos, al reducir los diferenciales impositivos entre países. Las reformas, añade el organismo, también reducirían el peso que tiene el impuesto de sociedades a la hora de elegir dónde invertir.

El impuesto digital será similar al de Francia después de las conversaciones mantenidas con EEUU y las amenazas de Washington: se liquidirá más tarde, a final de año.

Esa nueva tributación parece no desagradar tanto a las grandes tecnológicas como uno podría pensar. Tim Cook, CEO de Apple, afirmaba recientemente que el sistema de impuestos empresariales debía cambiar. “Creo que lógicamente todo el mundo sabe que necesita ser revisado”, explicaba, “yo sería ciertamente la última persona en decir que el sistema actual o el sistema pasado era el sistema perfecto. Tengo la esperanza y el optimismo de que ellos (la OCDE) encuentren una solución”.

También parecía estar de acuerdo con esos cambios Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, que también esperaba que los esfuerzos de la OCDE tuvieran éxito. “Queremos que el proceso de la OCDE tenga éxito para que tengamos un sistema estable y fiable en el futuro”, afirmaba, para luego destacar algo aún más importante: “aceptamos que eso puede significar que tengamos que pagar más impuestos y pagarlos en diferentes lugares bajo un nuevo marco de trabajo”.

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