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El año 2021 ha entrado con algunas dificultades en materia de los asuntos relacionados con la crisis del COVID19. La pandemia muy seguramente se prolongará por un buen tiempo, tanto en los países desarrollados, como en los emergentes. El nivel de contagios y mortalidad, la velocidad de la vacunación, la incertidumbre que existe alrededor de la duración de las vacunas en el organismo humano, la producción de las vacunas por parte de las compañías farmacéuticas, la efectiva capacidad de aplicación de las mismas en el 2021 y las nuevas cepas, entre otros, son factores que han complicado el panorama.

Para la economía global, esto resulta ser un desafío sin precedentes. Si bien las cifras parecen estar camino a un rebote, por efectos estadísticos y por un cambio de dirección en muchas de las variables, todavía subsiste el hecho de que mucha capacidad instalada ha sido destruida. En América Latina, un buen número de empresas – en especial, pequeñas y medianas – han visto la penosa necesidad de cerrar su operación. Esto disminuye la capacidad instalada de la economía e impone una pendiente más empinada para que aquellos que buscan retomar una senda de crecimiento.

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América Latina ha tenido una respuesta de política económica que no ha sido satisfactoria, dado que la estrategia de las cuarentenas y confinamientos obligatorios no contaban con una infraestructura de salud y productiva para dicho fin. Escasas habilidades en computación y digitales, limitado acceso al trabajo remoto, internet costoso y de baja calidad (en especial para las poblaciones rurales) e informalidad laboral que aún sigue como tarea pendiente, son algunos de los temas que influyeron en un resultado económico que nos acerca a una década pérdida. En el período 2010 – 2020, la economía regional creció en promedio a una tasa del 1.28% interanual, la cual se constituye como la más baja desde los años sesenta (cuando crecía alrededor de 5.41% promedio interanual). Con el actual panorama, la década por venir tiene unos retos colosales ya que, por ahora, se estima que el PIB per cápita volvería a un punto prepandemia en los años 2023 – 2024. Un escaso crecimiento que coloca a región en una poca cómoda situación para atender las necesidades poblacionales, dado una escasa PTF (productividad total de los factores y una baja calidad institucional.

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Acelerar este proceso e impedir que en los próximos 10 años se registre una nueva marca a la baja, es imperioso. Reformas, estructurales, mayor favorecimiento del libre mercado, y mayor promoción a la inversión y el comercio internacional, parecen ser caminos que otras regiones del mundo han recorrido con cierto éxito. Para América Latina, puede ser un camino digno a recorrer, en lugar de condenarse a una nueva década de crecimiento exiguo e insuficiente en el concierto internacional.

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