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Ponernos hablar del mundo en el que estamos y hacia dónde vamos ya no es tan simple. Pero sí observar las contradicciones en las que estamos incurriendo.

Cuando el mundo señala con el dedo al presidente de Corea del Norte (con toda razón) por los experimentos nucleares que llevo a cabo en estos días, no se piensa que estos aberrantes experimentos son también el resultado del proceso de innovación mal usada. Como si fuera poco, la tecnología empleada en las pruebas fue adquirida a países europeos y a Estados Unidos. Nunca se aprende de los errores pasados: estos mismos países armaron a Al Qaeda para combatir a los rusos y a Sadam Husein para combatir a Irán.

Estamos entendiendo las acciones como hechos aislados y no como una partida de un juego de estrategia. Las nuevas tecnologías vinieron para quedarse y avanzan a una velocidad  que pocos pueden entender y acompañar. La innovación se nos presenta en todos los frentes, en Internet de las Cosas, en ciencia, en salud, en banca, en smartcities… En forma muy contradictoria, en algunos casos, solemos reaccionar bien y mal a los cambios abruptos en los momentos de caos como los que estamos viviendo. No obstante, inmersos este proceso, no se puede dejar de pensar que la tecnología va a ser un remedio, en el mediano plazo.

Pero, antes de un proceso de confort la tecnología nos va a acercar en todos los ámbitos de nuestra vida, vamos a encontrar con innumerables conflictos que no son nuevos. La humanidad vivió procesos similares, de revoluciones industriales y cambios de paradigma. Aunque muchas de las contradicciones de esos cambios se resolvieron, quedaron secuelas y heridas muy profundas que aún hoy no se cierran.

Estos procesos estructurales, productos de la innovación extrema, van a generar un efecto de acción y reacción que claramente explica la física que se basa en la tercera ley de Newton: todo cuerpo A que ejerce una fuerza sobre un cuerpo B experimenta una fuerza de igual intensidad en la misma dirección pero en sentido opuesto. Cada vez que se origina un fenómeno disruptivo dispara una reacción inversa y opuesta. La tecnología, la innovación y la ciencia no escapan a ninguna ley de la naturaleza.

Es en este contexto que vamos a escribir y profundizar sobre la cuarta revolución industrial, producto de este fenómeno de innovación extrema que estamos viviendo. Del cambio paradigmático de la economía tradicional a la digital y sus consecuencias en el corto, mediano y largo plazo; de la desaparición del 60% a 70% de las empresas multinacionales que hasta ahora conocemos en los próximos años, el reemplazo de mano de obra humana por la robótica, los gobiernos y el nuevo concepto de poder, y quienes van a ser los dueños de este poder.

El objetivo de esta serie de notas semanales es generar un gran debate sobre la innovación en el mundo y sus efectos. Este momento que transitamos, donde ya comienzan a amanecer perdedores y ganadores, es un debate que no podemos soslayar como medio dedicado a abordar los temas de la economía digital.

Saber cómo será el mundo dentro de 5 años, dentro de 10 años y cómo será el mundo en el año 2030 es una obsesión en la cual esta redacción está trabajando muy seriamente con datos, con observación, con información y haciendo de estos los pilares del conocimiento que iremos compartiendo semana a semana con nuestros lectores.

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