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Estos últimos meses los fabricantes de semiconductores se han visto desbordados por la demanda y han sido incapaces de abastecer a todos los fabricantes, algunos de los cuales han tenido que parar la producción.

Son varios los factores que están impulsando la crisis, concentrada inicialmente en la industria del automóvil. El primero es la pandemia de coronavirus, que sumió a la economía mundial en la recesión el año pasado, trastocando las cadenas de suministro y cambiando los hábitos de compra de los consumidores. Los fabricantes de automóviles redujeron los pedidos de chips, mientras que las empresas tecnológicas, cuyos productos se vieron favorecidos por las medidas de confinamiento, acapararon todos los que pudieron.

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Otras circunstancias, como las sanciones del gobierno estadounidense a las empresas tecnológicas chinas y el clima extremo, también han contribuido a la escasez de suministro.

Por su lado, los fabricantes de automóviles europeos se muestran cada vez más pesimistas sobre la duración y los efectos de la crisis provocada por la escasez de chips. La asociación europea ACEA prevé ahora que la crisis provocada por la falta de un componente esencial en los nuevos coches cada vez más conectados y electrónicos se alargará hasta el tercer trimestre de 2021 y provocará ajustes temporales de empleo.

“Como resultado, los volúmenes de producción en Europa probablemente serán considerablemente más bajos de lo esperado. Esto implica que el empleo disminuirá, al menos temporalmente. Dado que las entregas de vehículos deberán posponerse, las ventas también podrían acabar el año por debajo de las expectativas”, ha lamentado el director general de ACEA, Eric Mark Huitema.

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“Si esta situación persiste o si aumentan las desventajas frente a los competidores estadounidenses o asiáticos, podría poner en duda las perspectivas de recuperación económica para el sector en Europa”, ha lamentado.

Aunque la demanda de vehículos se ha recuperado parcialmente tras el primer envite de la pandemia, muchas marcas se han visto obligadas a reducir la producción e incluso paralizarla temporalmente, como le ha pasado a Seat, Renault, Ford, Toyota o General Motors, ante la insuficiencia de chips.

La automoción es la cabeza más visible de la falta de estos componentes, pero las grandes tecnológicas no viven ajenas a ello: Samsung podría posponer el lanzamiento de su último Galaxy Note, Apple retrasar la presentación de sus nuevos iPads y Macs y en algunos países hay dificultades para obtener la PlayStation 5 de Sony o la XBox de Microsoft.

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