Emanuel Hermosilla, Territory Account Manager Argentina, Bolivia, Paraguay & Uruguay de F5
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Por Emanuel Hermosilla, Territory Account Manager Argentina, Bolivia, Paraguay & Uruguay de F5.

El mundo se encuentra atravesando distintas etapas de confinamiento luego del avance de la pandemia por Covid-19. Y mientras Internet se volvió la herramienta fundamental para mantener los vínculos, lazos sociales y acortar distancias, también se multiplicaron los ciberdelitos por la vulnerabilidad de los usuarios.

Si bien la red es una herramienta magnífica, que permite resguardarnos y vivir una vida digital, no debemos confiarnos ni relajar los controles, al igual que lo hacemos con la entrada a nuestros hogares,  porque el acecho es constante, con el phishing a la cabeza de las estrategias y recursos de los cibercriminales. Como referencia, se espera que el delito cibernético en 2021 genere daños por más de $6 billones de dólares, por lo tanto es imprescindible emplear buenas prácticas en nuestra vida diaria para evitar los próximos ataques.

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La exposición constante y necesaria para sostener la vida cotidiana, ha reducido la atención de los usuarios a posibles fraudes. Recientes estudios del laboratorio de investigación de amenazas y ciberdelito de F5, dan cuenta que las credenciales robadas, números de tarjeta de crédito, usuarios y contraseñas, entre otras;  son más de 3 billones a nivel mundial. Estas cifras alertan e impulsan a gobiernos, empresas e investigadores, a desarrollar nuevas medidas que permitan resguardar la información, el recurso más valioso de esta era.

Mientras, la pandemia se volvió una gran puerta de entrada para los cibercriminales que aguardan agazapados, con estrategias diversas, las vulnerabilidades de los usuarios que se confían ante la gran exposición. Y las aplicaciones, aquellas que el usuario considera una “Simple Pagina Web¨, se multiplican exponencialmente, estas son la principal fuente de acceso a la red, facilitando datos sensibles, usuarios e información bancaria.

Sin embargo, no podemos delegar esta responsabilidad de nuestros datos en terceros; somos nosotros mismo quienes deben tener conciencia de  las buenas prácticas y la educación en la vida digital que nos permitirá ejercer nuestro derecho a la privacidad: sistemas operativos actualizados, implementar contraseñas complejas, evitar conectarse a redes públicas o ingresar a páginas dudosas, siempre sospechar de cualquier mensaje de correo electrónico que solicite información personal o financiera y no hacer click en links de mails con remitentes desconocidos. Estas son sólo algunas de las medidas que podemos adoptar en este nuevo escenario de vida. Así, lo más importante es ser responsables del uso que realizamos en el ejercicio de la vida digital.

De esta forma, las actividades que pasaron a estar mediadas por la tecnología, el trabajo remoto, la educación, la venta online, o bien, nuestras propias relaciones interpersonales.

En este contexto, que no es nuevo, pero si novedoso para muchos,  la ciberseguridad es  fundamental, ya que garantiza una experiencia más satisfactoria y libre de riesgos, es necesario tomar concienca de que  los ciberataques no están relacionados a la importancia de la información que podamos tener sino a cuán vulnerables nos vemos en internet y que todos somos valiosos en este mundo digital.

Ante esta nueva realidad, no debemos bajar la guardia y estar preparados. Dudar es el primer paso.

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