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A finales de noviembre el portal Recode informó de que Zume, una start up norteamericana que desarrolla pizzerías móviles robotizadas, estaba en negociaciones para dar entrada a nuevos inversores en una operación que elevaría la valoración de la compañía por encima de los 4.000 millones de dólares.

Menos de dos meses después, Zume se ha convertido en el último juguete roto de Silicon Valley. La semana pasada, la empresa informó del despido de 360 empleados, aproximadamente la mitad de su plantilla, y el cierre de este excéntrico negocio para centrarse en el envasado sostenible de alimentos.

Zume, en cuyo capital entró SoftBank en 2018, a través de su megafondo Vision Fund, no es la única empresa respaldada por el gigante japonés que ha anunciado ajustes de empleo en los últimos días. Los despidos de Zume aparecieron por primera vez en los medios el lunes 6 de enero. El martes trascendió que Getaround, una start up de coches compartidos que recaudó 300 millones de dólares de SoftBank hace dos años, planea despedir a 150 personas, una cuarta parte de sus empleados.

El jueves fue la colombiana Rappi, una aplicación de reparto de comida a domicilio en la que el grupo japonés invirtió 1.000 millones de dólares el año pasado, la que anunció el cese del 6% de su fuerza laboral, alrededor de 300 personas. Al día siguiente Bloomberg informó de que el operador hotelero indio Oyo, una de las firmas que más peso está ganando en la cartera de SoftBank, había despedido a 1.800 personas en India y China, y estudiaba un ajuste adicional de 1.000 empleados en los próximos meses.

En total, hasta una docena de start up que tienen a SoftBank en su accionariado han presentado ajustes de plantilla en los últimos meses. Desde julio, según cálculos, estas empresas han anunciado planes para recortar más de 7.000 puestos de trabajo.

A las mencionadas anteriormente hay que sumar los 1.000 empleados de los que prescindió Uber el año pasado y, sobre todo, el tijeretazo de 2.400 puestos de trabajo que anunció WeWork a finales de noviembre, tras su fallido estreno bursátil, que obligó a SoftBank a desembolsar más de 10.000 millones de dólares para tomar el control del grupo y garantizar su viabilidad.

Pérdidas de Softbank

El fracaso de la OPV del grupo de alquiler de oficinas y el pobre comportamiento de Uber en Bolsa desde su debut han puesto en cuestión la estrategia de Masayoshi Son, fundador de SoftBank, de respaldar a grupos que exigen inversiones muy importantes y cuyos modelos de negocio están muy lejos de ser rentables.

En sus últimos resultados, SoftBank registró las primeras pérdidas trimestrales en 14 años por el golpe que supuso en sus cuentas el rescate de WeWork. Esta fue una apuesta personal de Son, quien ha reconocido un “pobre criterio de inversión” y haber mirado para otro lado con los problemas de gobierno corporativo de la start up.

Públicamente, el grupo no ha instado a sus participadas a apretarse el cinturón. De hecho desde Rappi negaron cualquier directriz de sus accionistas para efectuar los despidos. Pese a ello, todo apunta a que las cosas podrían estar cambiando en SoftBank.

El grupo japonés ha sido el mayor dinamizador del ecosistema mundial de start up en los últimos años gracias a las generosas inversiones del Vision Fund. Este fondo ha invertido 70.700 millones de dólares en 88 empresas hasta finales de septiembre. Estas inversiones están valoradas en 77.600 millones de dólares, según la empresa.

Tras años de abrir el grifo del efectivo para que sus start up crecieran a toda cosa, los últimos tropiezos parecen haber llevado al grupo a optar por un enfoque más moderado y prestar más atención a la capacidad de las empresas para alcanzar la rentabilidad.

Desde Axios informaron la semana pasada que SoftBank se retiró recientemente de varias inversiones que ya tenía apalabradas. Entre las razones que apuntan desde el portal de noticias están las dificultades que estaría atravesando Son para recaudar otros 100.000 millones de dólares para su segundo fondo Vision Fund.

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