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Los combustibles fósiles tienen muchos inconvenientes pero dos grandes ventajas, una vez extraídos son fácilmente transportables, y contienen una gran densidad de energía. Al contrario que los sistemas actuales de baterías de litio, son capaces de aportar la energía necesaria para mover un barco con miles de toneladas o hacer despegar y volar aviones de 50-100 toneladas durante horas.

Pero las baterías cada año son más baratas y pueden almacenar más energía en el mismo espacio.

A medida que la densidad de energía de estas baterías eléctricas ha aumentado hemos podido electrificar nuevas y maravillosas ingenierías: drones, VTOL eléctricos urbanos, —vehículos de despegue y aterrizaje en vertical—, robots de transporte, smartphones con más potencia que los ordenadores de escritorio de hace unos años, y sobre todo: coches eléctricos.

Los coches a combustible, las grandes cantidades de ganado y  las áreas industriales son tres de las grandes fuentes de gases de efecto invernadero del Antropoceno, la edad geológica en la que según algunos científicos ya nos encontramos. Una época donde la actividad del ser humano es capaz de marcar los ritmos de los ecosistemas del planeta. Pero hay otra gran fuente de emisiones contaminantes: aviones y barcos.

Aunque ya hay algunos modelos de yates eléctricos o híbridos, y ahora que los vehículos eléctricos ya tienen autonomía estabilizada en los 400 kilómetros y subiendo, el próximo gran salto son los aviones.

La inmensa mayoría de los vuelos mundiales son de corta distancia. Según Eurocontrol, los que recorren un tramo inferior a 1.500 kilómetros. Dentro de esta categoría, serán los de muy corta distancia —menos de 300 Km— los que podrán ver cómo sus aviones son sustituidos por versiones eléctricas primero.

Wright Electric, una compañía con sede en Massachusetts, es una de las empresas trabajando en conceptos y prototipos que, según sus directivos, planean tener listo en una década: “Esperamos poder crear aeronaves de 150 pasajeros capaces de hacer trayectos superiores a 400 kilómetros”.

Si la velocidad alcanzada durante el viaje y los tiempos de recarga son aceptables, este tipo de aeronaves podrían sustituir a las que queman querosene.

La europea Airbus está trabajando en un avión con capacidad para 70-90 pasajeros, aproximadamente la mitad que modelos actuales de Airbus 320 o de Boeing 737, los aviones más populares para las aerolíneas de todo el mundo.

Primero llegarán los jet privados eléctricos e híbridos, y luego ya los aviones de pasajeros para cortas distancia

Seguramente los primeros aviones en dar el salto a eléctrico sean los jet privados por motivos simples: el peso total de la aeronave y el precio de los mismos, que inicialmente sería superior a versiones actuales de combustibles fósiles.

Otra gran ventaja de estos aviones sería una reducción del ruido emitido, especialmente importante durante despegue. Las turbinas emitirían aproximadamente los mismos decibeles al comprimir aire y durante la descompresión al salir de las mismas, pero el motor sería mucho más silencioso. Menos ruido significaría poder tener aeropuertos más cercanos a las ciudades y reducir el coste y tiempo total para los traslados, algo que será apreciado por los que se desplacen de forma habitual por negocio.

Wright Electric acaba de conseguir financiación por parte de Y Combinator, una afamada “incubadora” de compañías californiana que presume de haber invertido y orientado a los fundadores de empresas como hoy milmillonarias como Dropbox, Airbnb o Stripe. Desde Wright Electric confirmaron a la BBC que mantienen negociaciones y el interés de Easyjet, la segunda aerolínea con más pasajeros desplazados en Europa, después de Ryanair.

De momento las aeronaves eléctricas permanecen en un estado embrionario. Long-ESA, la avioneta monoplaza de Flight of the Century es de momento la que ostenta el récord mundial superando los 320 kilómetros por hora gracias a un motor eléctrico de 258 caballos de potencia.

En Colorado, Sun Flyer Aerospace ha desarrollado una avioneta más grande, con capacidad para dos plazas y destinada al mercado de la instrucción de nuevos pilotos.

Las próximas dos décadas podrían cambiar para siempre el futuro de la aviación.

 

 

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