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La ofensiva diplomática que han desplegado las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley en Bruselas estas últimas semanas es lo más parecido a una gran feria tecnológica que ha tenido Europa en este 2020, tras la cancelación del Mobile World Congress de Barcelona. La capital comunitaria ha visto desfilar en el plazo de un mes a los CEO de Facebook y Alphabet, Mark Zuckerberg y Sundar Pichai, y al vicepresidente de Apple y responsable de la estrategia de Inteligencia Artificial de la firma, John Giannandrea.

Detrás de estas visitas está el intento de influir en la nueva y ambiciosa estrategia digital europea que desveló el miércoles la Comisión. Bruselas busca impulsar la economía digital con importantes inversiones en inteligencia artificial -se prevé que se destinen destinen 20.000 millones al año a IA- y endurecer la legislación sobre gigantes tecnológicos como Amazon, Google o Facebook obligándoles a compartir sus datos.

El plan es que esto sirva para reducir la brecha que separa al continente de Estados Unidos y China, las dos potencias que se disputan la hegemonía tecnológica mundial. “Perdimos la primera batalla, la de los datos personales”, admitió jefe de Mercado Interior, Thierry Breton. El objetivo ahora es no perder la guerra. El peso de la industria tecnológica en Europa es muy escaso y, salvo Spotify, no cuenta con ninguna plataforma digital significativa. Al mismo tiempo, la UE es un mercado enorme, con una población de más de 500 millones de personas, que ningún titán tecnológico puede ignorar. Aporta aproximadamente una cuarta parte de los ingresos de Facebook y Google.

Si bien la UE no ha logrado dar forma a un gran empresa tecnológica global del tamaño e influencia de las de Silicon Valley, lo que sí ha logrado Bruselas es imponer como un estándar mundial para empresas y gobiernos su estricta regulación digital.

“EFECTO BRUSELAS”

Es lo que la profesora de la facultad de Derecho de la Universidad de Columbia, Anu Bradfor, denomina en un libro del mismo nombre: el “efecto Bruselas”. Los servicios digitales son por naturaleza globales y sería muy costoso para las tecnológicas ofrecer servicios sustancialmente diferentes en función de los países desde los que se acceda. “Como resultado, la mayoría ha adoptado el Reglamento General de Protección de Datos (GRPD en sus siglas en inglés) y es probable que suceda lo mismo con la legislación sobre inteligencia artificial”, asegura Bradford. Hasta la fecha, alrededor de 120 países han aprobado leyes de privacidad, la mayoría de las cuales están inspiradas por el GRPD.

“Mi sensación es que hay una necesidad generalizada en el mundo de trabajar en modelos sosteniblemente éticos y estas empresas estarían encantadas de conseguir seguridad jurídica en campos como la inteligencia artificial”, asegura Raúl Rubio, socio responsable de Tecnologías de la Información y la Comunicación del despacho de abogados Baker McKenzie.

Una postura manifestada por los CEO de Facebook o Google durante su paso por su Bruselas. “No albergo dudas de que la inteligencia artificial ha de ser regulada; la cuestión es cómo”, declaró Sundar Pichai, CEO de Alphabet, en una tribuna publicada en el diario Financial Times.

El riesgo para Rubio está en que la UE genere un exceso de burocracia y un reglamento demasiado restrictivo que limite su capacidad de imponer reglas globales y desincentive la innovación. “Desde hace años Europa práctica un modelo de regulación preventiva, sobrerregulando el mercado con un montón de obligaciones formales. Esto tiene un coste muy alto para la economía europea y es una carga que otras economías no tienen que soportar”, señala Rubio. “Es compatible la defensa de unos derechos y principios éticos fundamentales con la competitividad de las empresas y las pymes”, concluye.

Sólo Spotify

Spotify, con un valor en Bolsa de 27.254 millones de euros, es la única gran plataforma digital europea reconocida mundialmente.
Fuente: Expansión de España
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