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La tecnología puede aprovechar hasta la energía de las plantas para generar electricidad. La start-up Bioo ha desarrollado un producto que convierte en un rayo de luz cualquier fricción humana con un vegetal. “Basta con acariciar una hoja y se enciende una bombilla”, comenta el fundador de la empresa, Pablo Vidarte.

El proyecto arrancó en el 2015 pero no llegó al mercado hasta finales del año pasado. La empresa empezó a comercializarlo a grandes empresas del sector de la moda, Levis y Dokers, y un gran grupo de automoción europeo. “El retail quiere convertir las tiendas físicas en grandes experiencias, y con nuestros interruptores biológicos ofrecemos una forma de conectar con la naturaleza allá donde sea”.

Este emprendedor, que dejó la carrera de ingeniería a medias para dedicarse exclusivamente al proyecto, explica que la compañía facturó 100.000 euros el año pasado y que, durante los años anteriores en los que ha desarrollado la tecnología, se ha financiado con ayudas públicas y capital riesgo. “Bioo ha conseguido 2,5 millones de euros de la Unión Europea y otro millón de euros en tres pequeñas rondas de financiación. En las dos primeras, entraron como inversores la empresa Inkemia y fondos de capital riesgo. Justo antes de la crisis del Covid-19 se cerró la tercera por valor de medio millón de euros. Entró el fondo canario Archipelago Next y otros pequeños inversores particulares. Vidarte explica que el dinero servirá para consolidar la tecnología y dar a conocer el producto en el mercado. Durante este tiempo, la start-up ha patentado una batería y el método por el cual convierte la energía humana en electricidad. Ahora, va camino de conseguir dos patentes más.

A parte del producto para las tiendas físicas, la compañía está trabajando en otras dos líneas de negocio. La primera es una solución básica para el sector educativo que convierte la energía de la tierra en electricidad. “Es una solución didáctica y para concienciar a los más pequeños”. La segunda todavía está en fase de desarrollo y va enfocada al sector agrario. “Queremos usar la energía de la tierra para crear una batería que ponga en marcha un sensor que mida la humedad y la temperatura de los campos, así los agricultores no necesitarán baterías químicas para utilizar este tipo de sensores”.

Un equipo de 20 personas trabaja a diario en la investigación y el desarrollo de todas estas soluciones. La sede de la compañía está en Viladecans. Además, la empresa subcontrata la fabricación y las pruebas en empresas y laboratorios de la zona de Barcelona.

Tras la salida de tres socios fundadores, Vidarte lidera en solitario este proyecto innovador. La crisis del Covid-19 le preocupa ya que pronostica la disminución de la actividad comercial en las tiendas físicas. Sin embargo, confía en seguir adelante gracias a la última ronda de inversión cerrada hace un par de semanas.

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